Para
que haya trabajo.
En Argentina no hay trabajo porque no se generan ciertas condiciones
básicas.
El próximo intendente de Córdoba, debe convertirse en
el líder de la reactivación económica de la ciudad.
Y en un promotor de empleo genuino. Pero debe tener en claro estas
10 condiciones fundamentales. Parece mentira que todavía estemos
discutiendo cuestiones elementales. Pero así está la
Argentina por estos días.
1.
Para que haya trabajo
tiene que haber empresas.
En Argentina,
el desempleo se ha disparado arriba de los 20 puntos, fruto de la
destrucción masiva de empresas de todo tipo.
Son las empresas
-grandes, pequeñas y chicas- el motor del desarrollo económico
y la generación de riqueza, aquí y en cualquier lugar
del planeta.
Pero en Argentina,
gracias al desorden generalizado, quedan pocas empresas y hay pocos
empresarios.
Aunque el fenómeno
ya se advertía antes del comienzo de la recesión, hay
que decirlo con todas las letras: las decisiones que se han improvisado
desde Enero del 2002 a esta parte, han sido mortales para el aparato
productivo. Han destruido el sistema financiero, la moneda, y las
instituciones económicas fundamentales.
Se creyó
que, con una medida drástica como la devaluación, las
empresas iban a poder comenzar a competir con los productos importados
y en el exterior. Y que eso revertiría las tendencias. Pero
la falta de competitividad de nuestras empresas
no sólo es producto del tipo de cambio.
Sin medir las
consecuencias, improvisaron una devaluación que supera todas
las que se produjeron en el mundo en los últimos 20 años
(300% de suba del dólar). Y ahora han destruido el mercado
argentino interno con un shock
de incertidumbre
nunca vivido.
Sólo unas
pocas empresas podrán sobreponerse y lograr exportar, que es
-indudablemente- un desafío de mediano y largo aliento para
cada una de ellas.
No es un dato
menor que el 70 % de los puestos de trabajo sean generados en Argentina
por pequeñas y medianas empresas (Pymes).
Son estas unidades
de negocio las que no soportan, no ya las variaciones en el tipo de
cambio, sino fundamentalmente la falta de reglas claras y flexibles,
que permitan el crecimiento de las que hoy existen y el nacimiento
de otras nuevas.
Ha llegado la
hora de hacer una apuesta fuerte a la creación y el desarrollo
de empresas argentina. Y en un momento de crisis hay que apostar a
las pequeñas y a las medianas. Porque las grandes buscan escenarios
más seguros.
El desafío
es garantizar las condiciones, para que haya cada vez más emprendedores
capaces de generar valor agregado sobre la base de las potencialidades
naturales y humanas de Argentina.
2.
Para que haya trabajo
tiene que haber confianza.
La base del crecimiento
económico -que genera trabajo- es la confianza.
Primero: en el futuro del país.
Segundo: en que las reglas no cambiarán; serán respetadas
a lo largo del tiempo.
Tercero: confianza en que los acuerdos -entre empleado y empleador,
con los proveedores, con los clientes y en general- serán cumplidos.
Hay un último
punto muy importante: tener la garantía que el que no cumple
con esos acuerdos, será castigado. Que no habrá impunidad.
La confianza es
el pilar del crecimiento. Moviliza al que tiene ahorros a sacarlo
de "abajo del colchón" e invertir; al que tiene una
empresa a jugarse y comprar nuevas maquinas, contratar nuevos empleados,
buscar nuevos mercados, desarrollar nuevo productos... También
a la gente a superarse, pensando en que -si se esfuerza- tendrá
trabajo, o ganará un mejor sueldo, o podrá el día
de mañana ayudar a sus hijos con los ahorros que consiga.
En este país
se ha roto la confianza. Y en el último año y medio
hemos castigado duramente a los que no se dejaban llevar por los rumores.
Finalmente, los bancos se quedaron con los depósitos, el Estado
avasalló todos los compromisos, y en general nadie cumplió
con su palabra.
Será muy
difícil, reconstruir la confianza en Argentina y en nosotros
mismos. Pero no podemos demorar ni un minuto más en comenzar
esa tarea.
Volvamos a establecer
un conjunto de reglas claras y de instituciones que perduren en el
tiempo y hagan que todos -empresarios, empleados, inversores, consumidores-
tengamos seguridad y previsibilidad.
3.
Para que haya trabajo tiene
que haber capacitación
y educación.
Hay una realidad muy injusta en Argentina y en el mundo. Aunque tuviéramos
un crecimiento económico sorprendente, igual, habría
un porcentaje importante de personas que no accederían a un
trabajo por falta de capacitación.
Las empresas han
incorporado avances tecnológicos y científicos importantes
y las personas que no aprendan a utilizar estas herramientas y se
adapten a ellas, quedan fuera del mercado laboral.
En todos los niveles
sociales -desde un gerente con experiencia, pero desactualizado respecto
a las nuevas tendencias, hasta un albañil que no aprende las
nuevas técnicas de construcción- se necesita un esquema
muy eficaz de capacitación permanente.
El sistema educativo
Argentino y los canales informales de educación y capacitación
no están pensados para establecer un vínculo estrecho
entre las nuevas generaciones y las oportunidades laborales -reales
y potenciales- que existen en esa región.
La Universidad
Nacional es el ejemplo más paradigmático de la decadencia
del sistema de educación en Argentina. Aunque la crisis ya
viene desde la escuela primaria. Una ideología ha invadido
los ámbitos de la educación e impide que la escuela
y la universidad se conviertan en una herramienta real de justicia
social.
Hay algo mucho
más profundo en la cultura argentina que también se
necesita cambiar: necesitamos educar en la cultura del trabajo y la
responsabilidad. Para que finalmente la cultura de nuestro país
sea -además de lo que ya somos- una pasión por el trabajo
y la eficiencia, como característica esencial.
En esa línea,
necesitamos alentar el surgimiento de nuevos empresarios con una nueva
mentalidad. Para ello, nuestra cultura también tiene que empezar
a reconocer y destacar a los que logran el éxito, por canales
éticos y sobre la base de su esfuerzo.
Será una
tarea de largo plazo. Pero supone una verdadera revolución
en nuestra forma de ser argentinos.
4.
Para que haya trabajo, tiene que haber igualdad de oportunidades.
Lo más
indignante de la actual situación es que haya personas con
iguales capacidades que, sin embargo, no tienen la misma suerte, por
falta de oportunidades.
Es deber del Estado
garantizar educación y salud a la población, recuperando
el alto nivel de excelencia que tenía la educación pública
y la salud pública. Una diferencia fundamental, que forjó
un país muy distinto al de la media de los países latinoamericanos.
La igualdad de
oportunidades debe ser un concepto integral. Un chico que nace en
una villa y no es documentado, que tiene falencias alimenticias y
sanitarias, que vive situaciones de marginación y de violencia
familiar y social, que concurre a una escuela mal gestionada o que
crece sufriendo discriminación por su vestimenta, su forma
de hablar y de comportarse... Será difícil luego hablar
de igualdad de oportunidades, cuando su base ha sido tan inequitativa
con respecto al de otros jóvenes.
En este sentido,
no podemos convertirnos en utópicos o soñadores de mundos
que no existen. Las injusticias se producen y seguramente vamos a
convivir con ellas durante mucho tiempo. Pero está al alcance
de nuestra mano -si tuviéramos un gobierno eficaz y gobernantes
eficientes- garantizar una base fuerte de oportunidades básicas
similares para todos.
La cooperación
que pueda establecerse con organizaciones comunitarias y con empresas
privadas para proveer los servicios de salud y de educación
es una alternativa prometedora.
5.
Para que haya trabajo tiene
que haber solidaridad.
Una sociedad organizada
no puede tolerar que haya gente con hambre y sin las condiciones mínimas.
Intervenir en una realidad tan dramática escapa a cualquier
debate ideológico.
En Argentina no
debemos subestimar el desafío,
pero tampoco quedar paralizados frente a la magnitud del problema.
Ocurre que en
la actualidad -y gracias a las barbaridades producidas por esta clase
dirigente-
casi un 45 % de la población está bajo la línea
de pobreza. No hay sistema distributivo que soporte semejante proporción.
Pero si somos
capaces de ordenar las demás variables, y el porcentaje de
pobreza y marginación se ubica en el 15 % o el 20 % nuestro
país está en condiciones de subsidiar a esas personas
hasta que vuelvan a integrarse al mercado laboral.
Es importante
debatir la naturaleza de la ayuda social y los canales por los cuales
se hace efectiva. En el primer caso, no sólo tenemos que dar
sino también educar, para que esa persona pueda reinsertarse.
Respecto de los
canales lo mejor que puede ocurrir es que la ayuda social, sea canalizada
a través de mecanismos independientes a los tradicionales de
la política y el Estado. Porque la relación de subordinación
y de clientelismo que produce el bolsón entregado por canales
políticos, destruye la moral y la dignidad de la población
que se encuentra marginada.
En cambio si la
ayuda social es canalizada a través de las organizaciones que
han demostrado compromiso social con la pobreza, seguramente el dinero
será acompañado de acciones efectivas de inclusión
social.
6.
Para que haya trabajo tiene que haber orden en las cuentas públicas.
¿Cómo puede cumplir el Estado -la municipalidad en este caso-
sus roles esenciales si se encuentra quebrado y trabaja siempre con
déficit y con ineficiencia?
A esta altura
de colapso de las cuentas públicas podríamos decir que
la regla del equilibrio fiscal y de austeridad en aquellos gastos
que no son esenciales, constituye la condición esencial de
la justicia social.
Para que haya
trabajo necesitamos una administración eficiente, porque cada
peso mal gastado es un peso menos para generar trabajo.
Cuando el Estado
paga de más un servicio o una compra, hay fondos que no están
yendo a solucionar la crisis social.
Cuando, a causa
de los negociados de la corrupción, de los nombramientos políticos,
de la burocracia sin sentido, el gasto público aumenta, eso
supone impuestos y cargas sobre los que tienen alguna chance de producir
y generar empleo.
El desmanejo de
las finanzas públicas siempre genera cambios drásticos
de las reglas de juego (la emisión de bonos por dar un ejemplo
muy sufrido por estos días) y cada cambio es un palo en la
rueda del crecimiento. Pueden resultar solucionar rápidas que
todo el mundo acepta, pero en el largo plazo, los excesos del Estado
resultan como un cáncer.
Nadie se entusiasma
por trabajar para que después el "Estado" le consuma
sus ganancias con impuestos que jamás vuelven en servicios
ni en ayuda social.
El orden en las
cuentas públicas tiene otras derivaciones muy concretas en
la creación de empleo. Cuando un inversionista decide a desarrollar
una empresa, analiza los "números" del gobierno donde
se va a asentar. Necesita previsibilidad, impuestos que no variarán,
servicios que serán brindados con estándares mínimos,
etc. Si no ve seriedad en el manejo de la cosa pública, definitivamente
no invierte allí.
Si la municipalidad
quisiera pedir créditos para encarar acciones sociales, o para
garantizar salud, o vivienda o mejoramiento de las condiciones de
vida, hoy en día debería pasar el duro examen de cualquier
banco u organismo internacional sobre el equilibrio de sus cuentas.
Un gobierno con
verdadera conciencia social, debe comenzar por ser inflexible en el
control de todos los gastos que no son esenciales para la comunidad.
Y debe tener mano dura para terminar con los negociados y también
con el acomodo político que ha llenado las oficinas públicas
de punteros sin preparación.
7.
Para que haya trabajo tiene
que haber leyes adecuadas.
En primer lugar, leyes laborales que faciliten la contratación
de empleados en el medio de la crisis (sin llegar a los contratos
basura).
Es mejor aceptar
ciertas condiciones nuevas, que dejar a la mitad del país en
la desesperación de no tener trabajo. Hablamos de tendencias
como el fenómeno mundial de la transitoriedad del empleo (incompatible
hoy en día con la estabilidad del empleado público),
o el ajuste de ciertas variables como el aguinaldo o las indemnizaciones.
Muchas de las
leyes laborales fueron pensadas en un momento donde había pleno
empleo y se podían discutir condiciones en detalle.
Hoy algunas de
estas leyes terminan siendo una defensa corporativa de los que tienen
trabajo, pero afectan a los que buscan trabajo.
La prioridad debe
ser disminuir el índice de desocupación y pasar a la
economía formal a los millones de argentinos que hoy no están
resgistrados y no aportan al régimen de seguridad social.
A nadie le gusta
incumplir con las leyes. Y sin embargo hay un 30 % de relaciones laborales
que están en negro.
La pregunta es
por qué. Unos pueden pensar que hay una perversidad y un excesivo
afán de lucro. Pero la gran mayoría conocemos la realidad:
empresarios y empleadores que se esfuerzan por consolidar la empresa
(y de esa manera consolidar sus puestos de trabajo) mientras una burocracia
sindical y estatal defiende sus intereses personales o sectoriales.
Pero no sólo
hay que reformar y ordenar las leyes laborales. También las
leyes que determinan cargas impositivas que afectan la contratación
de empleados (como es el caso de las cargas patronales). No es posible
que estemos manteniendo -hoy por hoy- impuestos "al trabajo".
Por último,
necesitamos reformar leyes para que el trabajador tenga la mayor libertad
a la hora de elegir desde su jubilación hasta su obra social.
Los trabajadores también tienen derecho a que la competencia
entre oferentes los beneficie y amplíe las prestaciones que
recibe.
Es vergonzoso
que todavía haya empleados
-como por ejemplo los empleados públicos de la municipalidad
de Córdoba- que estén obligados a aportar a una obra
social como la de IPAM sin posibilidad de elegir.
8.
Para que haya trabajo tiene que haber representantes legitimados.
La crisis exige que todos los sectores sociales establezcamos acuerdos
sobre cómo generar trabajo.
Las definiciones
son de fondo. Hay que repensar la relación tradicional entre
capital y trabajo, que hoy han cambiado tanto. Hay que discutir sobre
nuevos mecanismos de participación de los empleados en las
utilidades resultantes de la empresa, y otros desafíos como
la apertura del mercado laboral a habitantes de otros países
de la región.
Para esa discusión
se necesitan verdaderos representantes. Líderes legitimados
de los trabajadores, de los empresarios y de la comunidad.
Y es fundamental
que esos líderes no se alejen de las "bases", porque
si no comienzan a tener una actitud corporativa y sólo defienden
sus intereses personales.
Una discusión
acotada al ámbito de la empresa, de la zona que tiene características
similares y problemas similares para ir construyendo consensos de
abajo hacia arriba, es el camino correcto.
Hoy lo único
que tenemos son verdaderas "mafias" sindicales, lobistas
empresarios de estilo mercenario y funcionarios públicos –también
legisladores- que sólo les interesa quedarse con una "tajada"
del acuerdo.
Los sindicatos
no son entidades democráticas y la voluntad del trabajador
se ve obstaculizada por una maraña de regulaciones que impide
cambios y alternativas de representación sindical.
En las cámaras
empresariales también hay esquemas cerrados y poco democráticos.
Como si no hubiera un real interés de que participaran la mayor
cantidad de empresas que fuera posible.
Con nuevos representantes,
podemos renovar los convenios laborales y las normas que regirán
la relación laboral hacia el futuro.
9.
Para que haya trabajo tiene que haber un proyecto de largo plazo.
No surgen muchos proyectos serios que generen trabajo, cuando todo
el mundo está pensando sólo en el corto plazo.
El país
necesita perspectiva y esto se traslada a todos los niveles: provincial
y municipal. Necesitamos ciertos ejes de desarrollo estratégico
que encolumne a toda la sociedad y a todo el aparato productivo.
Gobernar en este
sentido, no puede ser sólo "pilotear la crisis".
Necesitamos estadistas que sepan llevar a Argentina hacia un horizonte
planificado, como han hecho los países que partieron desde
mucho más abajo que nuestra querida patria, pero hoy ocupan
los primeros puestos en desarrollo y también en justicia social.
Es el caso de Australia, España, Irlanda, Chile.
¿En qué
se va a destacar Argentina de cara al futuro? ¿Cuáles serán
los productos y los servicios más competitivos en los que nos
vamos a posicionar en un mercado globalizado? Es cierto que tenemos
la materia prima y que exportamos al mundo nuestros cereales y nuestras
carnes. Pero no es suficiente. Necesitamos incorporar valor agregado.
Tomemos definiciones
estratégicas. Apostemos por el desarrollo de la industria agro-alimentica
industrial. Invirtamos para no quedar afuera de la sociedad de la
Información y la industria tecnológica de punta. Seamos
el país turístico por excelencia y preparemos nuestra
infraestructura y nuestra gente para ello. Y lideremos la explotación
de nuestro mar argentino, hasta llegar a liderar el mercado mundial.
La integración
regional en el MERCOSUR y en el ALCA y los acuerdos que establezcamos
con la Unión Europea y con los mercados asiáticos constituyen
–en este sentido- un futuro prometedor para Argentina.
Pero hay que trabajar:
armonizar políticas y legislaciones, establecer canales de
interacción en todas las áreas productivas, desarrollar
un ambicioso plan de infraestructura vial, informática, de
educación, etc.
Para que estas
líneas no sean sólo expresiones de deseo de políticos
en campaña y se conviertan en políticas de Estado, se
requiere una fuerte voluntad de desarrollo.
Y eso es lo que
necesitamos: un gobierno que lidere la transformación productiva
del país.
10.
Para que haya trabajo tiene
que haber un compromiso de todos.
La tentación de esperar que venga un caudillo y nos ofrezca
una receta milagrosa es fuerte. Y que después sea él,
el que se encargue de aplicar esas políticas "aunque tenga
que avasallar algunas instituciones".
Jamás podremos
generar estas 10 condiciones si no hay un compromiso de todos, por
construir un futuro común de crecimiento económico y
de Justicia Social. Pero con instituciones. Y respetando a las instituciones.
Más aún:
en un momento de crisis política como la actual, tenemos que
pensar que sólo la tarea organizada y de largo aliento de la
misma comunidad será la que establecerá las bases para
el cambio de país, que todos anhelamos.
En este caso también
las buenas intenciones debe institucionalizarse. Si no se diluyen
al poco tiempo. Argentina necesita organizaciones civiles, ongs, cámaras
empresariales, sindicatos y la fuerza de las Iglesias y de los demás
sectores comprometidas con la prioridad de resolver el problema del
desempleo y la Injusticia.
Si no lo hacemos,
no esperemos que el problema se solucione.