¿Qué significa Primero la Gente?

 

Recuperar
la clase media

Por Sebastián García Díaz
Presidente de Primero la Gente

Nuestros padres, abuelos y bisabuelos -criollos o inmigrantes- tuvieron un sueño respecto a este país: si se “rompían el lomo” sus hijos vivirían mejor y sus nietos ascenderían hasta dónde fueran capaces de hacerlo. En la mayoría de los casos esa esperanza se hizo realidad.

El “sueño argentino” –orgullo de esta tierra- tenía una fórmula simple: educación pública gratuita, un sistema de salud pública ejemplar, un poder de policía eficaz y un conjunto de reglas muy claras (empezando por la constitución nacional) que permitió la movilidad social, el ahorro, la inversión, la fundación de emprendimientos y empresas y el desarrollo económico. Así se forjó la gran clase media argentina que nos diferenció del resto de los países del continente y nos posicionó junto a las grandes naciones del mundo.

Ese sueño nos ha sido robado. Paulatinamente nos convertimos en víctimas de un Estado y una dirigencia que, tratando de “garantizar todo” terminó por no garantizar ni lo básico.

De alguna manera, se aprovecharon de nuestra decencia. Aprendimos de nuestros padres a no pedir favores, ni subsidios, ni bolsones. Tan discretos y tan moderados hemos sido, que los sucesivos gobiernos nos han subestimado. Decidieron aplacar los reclamos de sectores económicos y sociales mucho más combativos y los cooptaron con dádivas, privilegios y leyes especiales. Una parte importante de la culpa, en definitiva, es nuestra: hicimos del “no te metas” un dogma e incluso se lo inculcamos a nuestros hijos.

Ahora enfrentamos situaciones que nos duelen, más allá de la “morfina” de la reactivación económica. ¿Qué probabilidad hay de que asalten nuestros hogares o nos maten un familiar para robarle la cartera o un par de zapatillas? ¿Cuánto nos cubrirá esa obra social quebrada, cuando nos toque enfermarnos a nosotros? ¿Cuál será nuestra jubilación si le siguen metiendo mano a las cajas públicas y a las AFJP? ¿Qué chances tiene mi comercio o pequeña empresa si sigo atado a los impuestos excesivos y a las continuas modificaciones de las reglas del juego? ¿Qué posibilidad hay de que vuelvan a devaluar o vuelvan a robarme mis ahorros? ¿Cuánta aguantará mi salario si las incertidumbres del gobierno siguen generando esta inflación?

Las preguntas más amargas: ¿qué pasará conmigo si, desempleado, nadie me toma o me contratan en negro (por la maraña de la legislación laboral)? ¿Y qué será de mis hijos si no puedo pagar escuela privada o si directamente están yendo ya a esos enormes edificios vacíos de contenido que son las escuelas públicas o la anónima y decadente universidad nacional? ¿Podrán desenvolverse con esa base debilitada en un mundo competitivo y globalizado?

Reaccionemos

¿Cómo recuperar esa movilidad? Los discursos empalagantes de estos días nos ofrecerán soluciones fantásticas, pero no nos engañemos: es populismo disfrazado o directamente a cara descubierta. A nosotros nos conviene volver a los principios y utilizarlos como criterios para ordenar nuestra lucha.

 1)       Que el poder esté cerca nuestro. Es el sano principio de la subsidiariedad: que no haga otro lo que podemos hacer nosotros. Que el poder central se federalice realmente, que el poder provincial se municipalice y que el municipio descentralice hacia los CPC. Que lo público no haga lo que puede hacer perfectamente lo privado y que lo político no haga lo que debe hacer la sociedad.

Kirchner arrodilla a los gobernadores con nuestros dinero. De la Sota termina el mandato tranquilo, pero deja una deuda de 10.000 millones. Juez a su vez tranquiliza al SUOEM, entregando casi el 70 % de nuestro presupuesto en sueldos. ¿Responden estos dirigentes por sus actos frente a nosotros o se mueven con total impunidad? Un ejemplo más: si votamos listas sábanas ¿Quién gana? Los parásitos del poder. Si votamos al candidato que conocemos, seremos representados por verdaderos líderes legitimados.

Tengo la convicción que, al revés de lo que podría suponerse, la recuperación de la clase media comienza por proyectos municipales muy ambiciosos y concretos. Porque allí se puede plasmar la fuerza del asociativismo en pos de objetivos comunes.

2)       Ante la duda, apostemos por la libertad. ¿Nos conviene que el gobernante controle precios? En algún momento la inflación explotará sobre nuestra canasta por la desconfianza generada ¿Y el subsidio de tarifas? Terminamos subsidiando el transporte de los porteños, pero no podemos decir nada porque nuestro silencio ha sido comprado con otro subsidio. ¿Nos conviene que las empresas de servicios vuelvan a ser estatales? ¡A ellos les conviene! A los políticos y a los sindicalistas y a los empresarios que quieren volver a hacer negocios con el Estado. A nosotros nos conviene que la tarea pública de servirnos sea cubierta por el riesgo del capital privado -regulado y controlado- y por la dinámica de la competencia (esto sirve tanto para la TAMSE como para Epec, Aguas, Gas, Lafsa, etc)

¿Es bueno para mi familia que yo pueda elegir si quiero ser de IPAM (Apross) o prefiero ser de otra obra social o es mejor que el “sr. gobierno” decida por mi? ¿Es bueno para mis hijos que yo pueda elegir libremente en qué escuela quiero que el Estado deposite los fondos asignados a ellos para educación o de eso sabe mucho más el burócrata de turno?

 3)       Garanticemos la igualdad de oportunidades con poco, pero bueno. Se que la lista de reclamos al Estado es kilométrica. Pero hagamos foco. Basta de “políticas activas” para las mil y una ideas brillantes de los asesores de marketing de los políticos. Concentrémonos en reconstruir la educación pública, el sistema de salud, la seguridad hoy inexistente y la justicia tan demorada. Que las personas marginadas reciban capacitación para volver al trabajo y no dádivas. Y que la ley se cumpla, cueste lo que cueste y caiga quien caiga. Cuando sepamos hacer bien eso, será el turno de ver si podemos hacer algo más.

Temo que los pocos reflejos de clase media que nos quedan, sucumban a la tentación de callar para conseguir un “plan hogar clase media”, para que nombren un amigo o conocido en el gobierno, para que no me molesten con la DGI o con los inspectores municipales, o pueda ser proveedor del Estado.

Pero sé que la preocupación por nuestros hijos es un motor más fuerte que cualquier tentación.
Tal vez llegó el momento de que le demos a ellos una lección de vida, sobre nuestra dignidad ciudadana y el legado de nuestros padres y abuelos.

Por Sebastián García Díaz
Presidente de Primero la Gente