"Que se vayan todos":
la hora del recambio

 

Para los que responden "que se vayan todos" a la pregunta del encuestador, tengo una buena noticia: Hay en Córdoba -en estos momentos- suficiente gente joven comprometida como para producir un cambio de fondo.

El dato no surge de ninguna encuesta, sino de la experiencia vivida en estos últimos tres meses. Un grupo de jóvenes comenzamos a trabajar desde principio de año para formar un movimiento nuevo. Y en 90 días de trabajo hemos conocido centenares de jóvenes y de grupos similares al nuestro, con los cuales hemos podido interactuar. Y no sólo jóvenes: hay gente de todas las edades, cansada de lo que se hecho hasta ahora, que se acerca a brindar apoyo.

Por supuesto que entre estos grupos hay diferencias de todo tipo. Pero hay un punto en común: ninguno quiere seguir viviendo en un país sin perspectiva. Tardamos demasiado en darnos cuenta que la Argentina depende de nosotros. Pero ahora que lo hemos asumido, estamos dispuestos a dejar todo con tal de poder darles a nuestros hijos -hoy pequeños- un país distinto.

¿Qué más nos une? Estamos hartos de los figurones de siempre. Hay una generación de dirigentes políticos, sindicales y empresariales que deberían dar -ya mismo- un paso al costado. Sin embargo, no están dispuestos. El otro día un viejo sindicalista de Córdoba nos dijo: "que ustedes sean jóvenes a mi no me dice nada. Si quieren liderar ustedes van a tener que pelear para sacarnos a nosotros". Vuelvo a decirlo: estamos dispuestos.

Pero ¿sólo nos une el espanto? No. Hay coincidencias básicas sorprendentes sobre el país en el que queremos vivir. Tal vez porque todas surgen, no de complejos proyectos técnicos, sino más bien del sentido común.

Queremos vivir en una Argentina justa. Ese es el principal anhelo. Un país con igualdad de oportunidades para todos. Nos quieren hacer creer que debemos aceptar que la mitad de los argentinos vive bajo la línea de pobreza como si fuera una tendencia inexorable. Y que no hay otro camino que el clientelismo y la demagogia para superar esa emergencia. Pero los argentinos sabemos lo que necesitamos: educación y trabajo.

¿Cómo lograrlo? Necesitamos buenos gobernantes, eso está claro. Pero no podemos volver a cometer el error de esperar el líder que nos prometa el milagro. Argentina necesita instituciones que vuelvan a ser confiables.En ese sentido, tenemos todas las instituciones democráticas funcionando. Pero funcionan mal. Si queremos seguir viviendo en democracia habrá que reformar las instituciones de la democracia.

Aquí se dividen las aguas. Muchos jóvenes piensan que el cambio que se necesita vendrá por fuera de lo político. Y por eso, no se van a meter en política, sino que van a canalizar su compromiso a través de las organizaciones no gubernamentales. Otros jóvenes pensamos que va a ser muy difícil producir cambios en Argentina si no asumimos un compromiso para que cambie lo político. Porque el problema de nuestro país es fundamentalmente político.

Lo curioso es que ni siquiera estos últimos asumimos que vamos a "hacer política". Es que han desvirtuado de tal forma el concepto los actuales dirigentes -y su comportamiento es tan contrario al que aspiramos- que todos hablamos de movimiento cívicos, de fuerzas comunitarias, de grupos autoconvocados, de asambleas barriales, de asociaciones, de centros de estudio. Más cerca o más lejos, sin embargo, todas es conscientes que deberán enfrentarse al desafío de presentarse a las elecciones.

Todas estas organizaciones coincidimos en el principio rector que debe inspirar la reforma política en la Argentina: el poder es de la comunidad y debe permanecer cerca de los ciudadanos -lo más cerca posible- para que seamos nosotros los que decidamos. Que no decida un funcionario cuando puede decidir la comunidad. Y que se acabe esto de rimar un "cheque en blanco" cada cuatro años. Algunos hablan de democracia directa, pero la mayoría tenemos claro que los representantes son necesarios. Pero queremos allí sentados a los hombres y las mujeres más prestigiosas de las comunidad y no al puntero o a la amante del viejo caudillo partidario.

La aspiración es que -a través de nuestra acción- lleguen los mejores al gobierno, y que lleguen por concurso público o por elección directa, sin intermediación de cuñas políticas, ni de listas sábanas.

¿Qué chances tienen grupos como el nuestro de producir un cambio político y ser el recambio que la sociedad reclama? Eso depnde de dos factores: Por un lado depende de usted y de vos. Si cuando llega el momento de votar en el cuarto oscuro seguimos apostando nuestro futuro a los mismos partidos y a los mismos candidatos que ya nos defraudaron una y otra vez entonces estos grupos de jóvenes jamás podrán demostrar si son capaces de desarrollar un buen gobierno.

Pero, como contracara, la gente no va a confiar en estos grupos de jóvenes si no los ve capaces de unirse y trabajar en conjunto, deponiendo los intereses personales de figuración de sus respectivos líderes. Antes de la próxima elección -y todo indica que los tiempos se acelaran- todos los que estamos trabajando para producir un cambio de fondo tenemos que ser capaces de presentar un proyecto consolidado que nos contenga a todos, con los candidatos que la sociedad quiere votar -los mejores- y un proyecto de ciudad, de provincia y de país que aglutine a todos los cordobeses. Algún grupo habrá trabajado más en un tema, otro tendrá buena ideas respecto de otro. Juntos -sin duda- podremos hacer más que separados.

Nuestro grupo ha decidido concentrarse en la ciudad, porque creemos que -conforme nuestras posibilidades- Córdoba puede ser el primer escenario concreto para producir un cambio de fondo. Pero somos conscientes que el gran desafío también aquí es conformar -en un plazo breve- un amplio movimiento de ciudadanos independientes en el que confluyan todos los nuevos grupos con los mismos intereses y la misma vocación de cambio.

Que no nos encuentre la próxima elección ensimismados en nuestros problemas operativos e hipnotizados por la vocación de "no tranzar con nadie", sin haber discutido un proyecto grande entre todos los que queremos una nueva política. No sea cosa que los partidos tradicionales y los candidatos de siempre terminen por imponer una vez más el peso de sus estructuras.