¿Por qué proponemos
gobernar con firmeza?


Por Sebastián García Díaz
Presidente de Primero la Gente

Nuestra fuerza lleva resumido en su nombre el país por el que luchamos: Primero la Gente. Una Argentina donde todas las personas -la gente- tengan garantizadas las condiciones para ser protagonistas y desarrollarse en libertad. Sin caudillos. Sin clientelismo. Con Instituciones. Con reglas claras. Con ciudadanos dispuestos a defender lo público como propio. Con personas voluntariamente dispuestas a ser parte de una comunidad organizada.

¿Cuál es la clave para construir esa Argentina desarrollada, que fuimos alguna vez y dejamos de ser hace tiempo? Cuando uno mira a los países que crecen, descubre en todos los casos lo que tienen en común: se cumple la ley con el máximo rigor.

Chilenos, españoles, australianos, yankees. No son mejores personas, ni mejores ciudadanos, ni tienen una herencia genética o sanguínea superior a la que corre por nuestras venas. Pero lo piensan dos veces antes de incumplir con las reglas de tránsito, con las normas laborales, con los contratos que han firmado, o meter la “mano en la lata” o hasta tirar basura en la calle, porque saben que en sus países hay justicia y el que las hace termina pagando por su acción.

Esa es nuestra falencia: no es posible la cooperación social, si cada uno puede violar la ley, con total impunidad. Si debemos vivir desconfiando que las acciones arbitrarias de los demás pueden terminar por afectarnos, sin que nadie nos proteja.

El ladrón, el político corrupto, el empresario inescrupuloso, el conductor ebrio, el que ensucia, el que no honra lo que ha firmado, el sindicalista piquetero, el narcotraficante, el que estafa, el que explota, el avivado, el delincuente, tienen que volver a sentir el temor de que en cualquier esquina puede caerles el peso de la ley. ¿Se solucionan así todos los problemas? No, pero es una base firme para construir sobre ella consensos más elaborados.

“Mano firme por la gente”, no es entonces el grito de guerra de un grupo de “fachos”, de esos que sólo quedan en algunos sectores con olor a rancio. Es el pedido de la mayoría de los argentinos, de la gente común, de los padres de familia, de los comerciantes y las pymes, de los humildes que se esmeran por progresar, de los jóvenes que no quieren desperdiciar su vida. De todos los que queremos que se acabe el “cambalache”.

No hay solidaridad, si hay impunidad. Si la gente decente, sale corriendo del trabajo a su casa, por miedo a que lo asalten. Si el comerciante o el empresario piensa dos veces en invertir y crecer ante el temor de que el gobierno vuelva a incumplir la ley. Si la señora se enoja y no da limosna, pensando que lo que ya dio en impuestos, alguien se lo robó. Si los adolescentes sienten que es lo mismo hacer el gol con el pie que con la mano.

Nunca falta el que dice: “las leyes en Argentina son injustas”. Entonces las reformemos. Pero mientras tanto, que se cumplan. “Se aplican para algunos y no para otros” Es así, lamentablemente. Mano firme entonces, con la ley bajo el brazo por supuesto, pero caiga quien caiga y cueste lo que cueste. Que la Justicia sea realmente ciega. Pero que también sea rápida.

¿Y esto que tiene que ver con la ciudad de Córdoba? No podemos ser superficiales en el diagnóstico de por qué estamos como estamos (los baches, la basura, el mal transporte, la falta de alumbrado, las cloacas, el desorden en la Municipalidad…). En la raíz del caos, hay un desprecio absoluto por las normas, empezando por la Carta Orgánica. La desprecia el intendente, porque él mismo no siente que pagará las consecuencias legales. Y también la despreciamos los vecinos, porque no le tememos a la sanción.

Luis Juez nombra 3500 empleados en planta permanente sin cumplir con la Carta Orgánica que exige concursos públicos. La empresa de basura opera sin contrato. El sistema de transporte tiene empresas en situación de total precariedad. Las negociaciones con los sindicatos y las corporaciones no se hacen en el marco de la Ley, sino a base de fuerza y presión. “Si no conformamos a Daniele, nos quema la Municipalidad” ¿Podemos tolerar semejante atropello impune?

He tenido contacto con padres preocupados por los accidentes vinculados al alcohol y la noche. Mientras ellos trabajan en el largo plazo (la educación, el cambio cultural, el diálogo entre padres e hijos) mi obligación como intendente es que las 365 noches del año haya saturación de inspectores municipales haciendo controles de alcoholemia y droga. Las multas deben ser ejemplares y si hay reincidencia hay que suspender licencias, sin miramientos.

Los vecinos en los barrios me enumeran las miles de necesidades no satisfechas por el municipio. Pero voy al Presupuesto 2007 y veo que los fondos están asignados y que hay empleados de sobra. Entonces digo: mano firme para modernizar el funcionamiento de la municipalidad, porque quiero que me alcance el dinero para cubrir todas las necesidades y urgencias.

Lo mismo digo para cambiar vales sociales y planes por una verdadera promoción humana y capacitación. Para que, los que pueden (que son la mayoría), vuelvan al mercado laboral. Y esa decisión se necesita también para que los inversores que generan trabajo vuelvan a tener confianza en esta ciudad caótica, sin que por ello haya que vender el alma al diablo.

Es curioso que la actitud de proponer firmeza para gobernar, sea ridiculizada por algunos y demonizada por otros. Es la única forma de garantizar los derechos humanos, pero de todos. Es lo que está necesitando Córdoba, que le sobran técnicos, planes y oportunidades. Pero espera desde hace tiempo un intendente dispuesto a poner cada cosa en su lugar.