
Porque
estamos
indefensos.
Lo
público
-en
manos
de
los
políticos-
se
ha
vuelto
en
contra
de
la
gente.
Ese
es
el
origen
de
nuestra
desconfianza.
Terminar
con
esta
distorsión
es
la
razón
de
ser
de
PRIMERO
LA
GENTE.
Nos
sentimos
indefensos.
Esa
es
la
sensación
más
terrible
y
más
destructiva
de
nuestro
país.
Allí
comienza
la
desconfianza
hacia
nuestros
dirigentes
y
hacia
las
instituciones
que
supuestamente
deberían
estar
"a
nuestro
servicio".
Pero
no
lo
están.
Todo
lo
contrario.
Esas
mismas
instituciones
nos
atacan
diariamente,
nos
faltan
el
respeto,
nos
someten
a
un
juego
donde
"o
te
quedas
callado
y
todo
sale
bien"
o
te
rebelas
y
entonces,
"aguantate
las
consecuencias".
Nosotros,
los
ciudadanos
comunes,
sin
ningún
privilegio
mayor
que
el
de
votar
cada
tanto,
conocemos
muy
bien
este
atropello,
porque
lo
sufrimos
diariamente.
Tal
vez
no
lo
conozcan
los
dirigentes,
ni
los
poderosos,
ni
los
que
tienen
privilegios,
pero
la
gente
sí.
Porque
nadie
se
muere
en
este
país
si
una
persona
común
y
corriente
es
sometida
a
esas
injusticias
que
se
repiten
de
a
millones
por
minuto
en
una
Argentina
injusta.
Es
muy
difícil
creer
en
un
dirigente,
en
un
nuevo
candidato,
por
muy
lindos
que
suenen
sus
planes,
si
no
hablamos
primero
de
este
cáncer
moral
que
nos
carcome.
Es
justo
nuestro
reclamo:
antes
de
hablar
de
ajustes,
de
sacrificios
y
de
patriadas
-todos
sabemos
que,
para
sacar
el
país
adelante,
será
necesario
un
gran
sacrificio-
queremos
una
prueba
de
que
la
democracia
finalmente
estará
a
nuestro
favor
y
no
en
nuestra
contra.
Propongo
-en
este
primer
capítulo-
un
viaje
por
la
Argentina
real,
la
de
los
ciudadanos,
la
argentina
sufrida.
Sin
teorizaciones.
Un
par
de
situaciones
de
nuestra
vida
diaria
será
suficientes
para
comprender
a
lo
que
nos
enfrentamos.
Indefensos
frente
a
la
Policía
y
la
Justicia.
La
Policía
está
para
protegernos.
Pero
resulta
que
no
hay
nadie
que
no
haya
vivido
la
historia
del
policía
que
te
para
en
la
ruta
y
te
pide
coima.
Si
no,
no
seguís.
Y
la
patrulla
que
llega
a
nuestra
casa
que
acaba
de
ser
robada,
es
tan
peligrosa
como
los
ladrones
que
huyeron.
Y
si
usted
se
tomó
el
trabajo
de
ir
a
una
comisaría
y
denunciar
un
robo...
no
querrá
volver
a
repetir
esa
experiencia.
Al
fin
y
al
cabo
¿para
qué
tanto
papeleo?
Los
delincuentes
siguen
en
la
calle.
Nuestros
hijos
están
indefensos
ante
los
malechores
y
los
vendedores
de
droga.
Y
uno
se
pregunta:
¿los
policías
no
saben
quiénes
son?
Tan
rápidos
para
algunas
cosas
y
tan
burocráticos
y
formalistas
para
otras...
siempre
nos
queda
la
sensación
de
que
los
policías
están
vinculados
con
los
ladrones
-a
los
que
supuestamente
deben
perseguir-
en
el
negocio
sucio.
Seguridad
es
una
de
las
máximas
prioridades.
Y
los
ciudadanos
estaríamos
dispuestos
a
sacrificar
ciertas
cosas
con
tal
de
sentirnos
seguros.
Pero
darle
poder
a
estos
policías...
Dios
nos
libre.
En
materia
de
seguridad
estamos
indefensos.
Somos
nosotros
los
que
tenemos
que
vivir
asustados,
tras
las
rejas
de
nuestras
propias
casas.
Cuidando
siempre
nuestras
espaldas
en
la
calle,
temerosos
de
que
la
violencia
de
un
robo
afecte
a
nuestros
seres
queridos.
Y
los
ladrones
saben
que
aquí
"no
pasa
nada".
Cada
vez
se
pone
peor.
Cada
vez
más,
lo
que
está
en
juego
es
la
vida.
Un
especialista
en
temas
de
seguridad
me
resumió
el
desafío
en
una
frase:
para
que
la
policía
cambie,
hay
que
"descabezar"
a
la
institución
y
echar
-en
un
solo
acto-
a
los
60
cargos
superiores.
Internamente
están
divididos
como
en
grupos
y
todos
esos
grupos
quedarían
descabezados.
Los
nuevos
directores
te
deberían
la
vida
por
haber
llegado
a
ese
puesto.
Tendrías
un
año
de
plazo
-y
de
lealtad
de
esos
directores-
para
producir
todas
las
reformas
que
hacen
falta
antes
de
que
los
grupos
vuelvan
a
organizarse
y
terminen
bloqueando
el
intento.
Esas
son
nuestras
instituciones.
Así
estamos
de
indefensos.
La
Justicia
está
para
cuidar
nuestros
derechos.
Debería
ser
rápida
e
independiente,
porque
fondos
no
le
faltan
y
los
sueldos
no
son
bajos.
Pero
el
juez
es
amigo
del
gobernante
de
turno
y
tiene
sus
privilegios:
no
paga
impuestos,
un
mes
de
vacaciones
en
verano
y
15
días
en
invierno...
Dicen
ajustarse
estrictamente
a
lo
que
ordena
la
ley.
Pero
resulta
que
en
algunos
casos
la
ley
deja
libre
a
uno
y
encarcela
a
otro.
¿O
acaso
hay
muchos
corruptos
en
la
cárcel?
¿O
acaso
alguno
que
no
pague
sus
impuestos
ha
terminado
tras
las
rejas?
El
fiscal
también
es
amigo
del
gobierno
(de
hecho
el
gobierno
lo
nombra)
y
está
muy
lejos
de
nosotros,
los
ciudadanos,
a
los
que
supuestamente
defiende
con
su
acción.
Entre
los
abogados
se
arreglan
para
cobrar
ellos
antes
que
nadie.
"La
justicia
es
un
desastre"
decimos
todos
a
gritos,
pero
la
institución
continúa
su
marcha
sin
advertirlo,
porque
entre
jueces,
abogados
y
fiscales
"se
entienden".
Aunque
los
libros
dicen
que
la
Justicia
también
debe
estar
a
nuestro
servicio,
el
concepto
todavía
no
ha
sido
asimilado
por
los
implicados.
Una
verdadera
corporación.
¿Cómo
se
explica
que
sigamos
teniendo
la
misma
Corte
Suprema
de
Justicia,
cuando
es
más
que
evidente
los
vínculos
políticos
y
la
forma
en
que
estos
vínculos
influyen
en
sus
fallos?
Usted
¿no
tiene
vínculos
políticos?
Entonces
usted
-como
yo-
está
indefenso
ante
la
justicia.
Sí,
ya
sé:
los
ciudadanos
no
volamos
tan
alto.
Lo
nuestro
es
más
pedestre.
Sufrimos
el
día
a
día
del
Poder
Judicial.
Meses
para
resolver
una
cosa
que
debería
llevar
semanas.
Años
para
cuestiones
que
deberían
llevar
sólo
unos
meses.
¿Trataste
alguna
vez
de
ir
a
un
juzgado
sin
tu
abogado?
No
te
lo
aconsejo.
Peor
aún:
¿Sufriste
alguna
vez
la
terrible
experiencia
de
no
tener
dinero
para
pagar
abogado
y
fuiste
defendido
por
los
que
te
asigna
el
Estado?
Rápidos
para
cobrar
la
tasa
de
justicia
-y
mejorarse
a
través
de
esa
plata
extra
sus
sueldos-
(la
tasa
de
justicia
es
el
primer
paso
en
cualquier
juicio),
lentos
para
aceptar
críticas
y
propuestas
de
renovación,
los
hombres
de
la
justicia
siguen
trabajando
con
máquinas
de
escribir
y
computadoras
viejas,
con
archivos
desvencijados
y
con
palabras
formales
-casi
de
otro
siglo-
a
propósito.
Porque
el
circo
está
armado
para
que
sólo
ellos
lo
entiendan.
Indefensos
ante
la
Municipalidad.
La
Municipalidad
está
para
resolver
los
problemas
de
los
vecinos.
Para
eso
pagamos
nuestras
tasas
y
contribuciones.
Aquí
no
hay
excusas.
Porque
está
allí,
cerca
nuestro,
con
la
obligación
de
"administrar
la
ciudad"
y
estar
a
nuestro
servicio.
La
plata
entra
por
un
lado,
y
debe
ser
gastado
en
forma
transparente,
de
acuerdo
a
las
prioridades
que
votaron
los
vecinos.
No
es
tan
complejo.
Pero
no.
El
ómnibus
sigue
pasando
cuando
quiere,
destartalado.
El
pasajero
espera,
se
indigna,
se
enfurece,
llega
tarde
a
su
nuevo
empleo.
Y
es
posible
que
lo
echen.
Pero
a
quién
le
importa.
Llega
esa
"catramina",
seguramente
sin
revisación
técnica,
sin
seguro
tal
vez,
se
cuelga
como
puede...
Claro,
se
cuidan
los
derechos
de
800
choferes,
porque
están
organizados
de
una
forma
mafiosa
y
amenazan
con
quemar
la
ciudad.
Y
se
cuidan
los
derechos
de
algunas
empresas
(no
de
otras)
porque
pusieron
unos
pesitos
en
la
campaña
del
intendente.
Pero
nadie
cuida
los
derechos
de
un
millón
y
medio
de
habitantes.
Y
mucho
menos
de
esa
gran
parte
de
la
población
que
tiene
en
el
ómnibus
el
único
medio
de
movilidad.
Gente
decente.
Que
no
va
a
quemar
la
ciudad.
Se
aprovechan
de
nuestra
nobleza.
Ciertos
lugares
cercanos
a
nuestras
casas
son
un
basural.
Pero
cuando
uno
llama
a
la
oficina
de
la
Municipalidad,
la
persona
que
lo
atiende
lo
trata
como
si
fuera
estúpido.
"si,
si,
ya
vamos
a
ir...".
Uno
llama
para
que
cambien
el
foco
de
luz
que
se
quemó
en
la
esquina
y
le
dicen
"no
hay
fondos,
señor".
Pero
al
otro
día
sale
la
noticia
de
que
se
compraron
camionetas
4X4
para
andar
por
la
ciudad.
Mejor
dicho,
para
que
anden
los
funcionarios
por
la
ciudad.
¿Alguna
vez
intentó
pedir
una
audiencia
con
el
intendente
para
plantear
un
problema?
¿Con
ese
mismo
que
le
dio
la
mano
en
época
de
campaña?
¡Pero
no
con
sus
secretarios,
sino
con
él,
porque
él
es
el
responsable!
Imposible.
Porque
el
ya
no
siente
obligación
con
nosotros.
No
siente
que
recibirá
castigo
alguno.
El
sabe
que
estamos
indefensos.
No
importa
si
la
cuestión
es
un
proyecto
para
ayudar
a
las
palomas
de
una
plaza
o
un
barrio
entero
que
se
muere
por
el
agua
contaminada
o
porque
las
cloacas
están
a
un
metro
del
piso.
Indefensos
por
la
necesidad.
Hay
casos
mucho
más
dramáticos.
Son
los
que
se
pone
en
juego
la
vida
o
la
muerte
de
las
personas
más
desamparadas,
como
los
que
se
dan
en
la
Asistencia
Social.
Los
ciudadanos
más
indefensos.
Cuando
una
familia
se
muere
de
hambre
y
necesita
ayuda
del
Estado,
debe
dejarse
"violar"
por
ese
político
inescrupuloso
que
pretende
usarlos
cuando
les
da
el
bolsón
o
el
subsidio,
que
sólo
quiere
votos
y
salir
en
la
prensa
como
"el
que
tiene
el
problema
solucionado".
Ciudadanos
indefensos
ante
el
clientelismo.
Ante
la
entrega
de
una
zapatilla
"y
la
otra
si
ganamos,
después
de
la
elección".
"Juegan
con
nuestra
dignidad,
porque
saben
que
estamos
indefensos"
me
dijo
una
mujer
llorando,
humillada,
en
un
barrio
periférico
de
Córdoba.
Eso
es
indignante.
Como
lo
es
la
forma
en
que
son
tratados
jubilados
y
pensionados.
Todos
sabemos
lo
que
tienen
que
pasar
nuestros
viejitos
para
cobrar
sus
míseros
pesos
o
recibir
un
remedio
con
descuento.
Y
todos
sabemos
quién
se
lleva
la
plata
del
PAMI
y
del
IPAM
y
de
las
fundidas
cajas
de
jubilaciones
que
todavía
quedan.
Focos
de
corrupción
sin
límites.
Tierra
para
arrasar
por
las
estructuras
políticas.
Miradas
arrugadas
que
esperan
bajo
el
rayo
del
sol
que
alguien
les
de...
lo
que
es
suyo!!
¿Y
la
persona
que
apenas
sabe
leer
o
escribir?
¿Sabe
cómo
la
trata
este
sistema,
defendido
con
uñas
y
dientes
por
políticos
aprovechadores?
Vaya
y
vea
lo
que
tiene
que
hacer
un
peón
de
campo
para
realizar
un
trámite
ante
la
administración
o
sacar
un
turno
para
una
operación
complicada.
Lo
hacen
venir
una
y
mil
veces
a
la
ciudad,
y
los
tratan
como
a
un
perro.
Salvo
que
en
algunas
de
estas
instancias
aparezca
un
empleado
que
se
apiade
de
él
y
le
acelere
las
cosas.
¿Qué
se
"apiade"?
Quiénes
se
creen.
Héroes
por
hacer
lo
que
en
realidad
nos
es
debido.
El
Hospital
público
está
para
curarnos.
No
importa
si
tenemos
plata
o
no.
Pero
en
muchos
casos
los
enfermos
son
tratados
como
animales.
Hay
hospitales
en
ciudad
de
Córdoba
donde
el
paciente
se
interna
un
mes
antes
"para
poder
guardar
la
cama,
que
debe
usar
después
de
la
operación".
Desidia
absoluta.
Ni
siquiera
con
la
cuota
que
nos
sacan
-obligatoriamente-
por
la
obra
social
uno
se
asegura
de
tener
mejor
suerte.
Porque
las
obras
sociales
son
una
mafia
que
financian
las
corrupciones
de
los
sindicalistas
o
del
gobierno
(caso
IPAM).
Y
allí
también
somos
ciudadanos
indefensos.
Uno
se
pregunta:
¿por
qué
no
me
dejan
elegir
a
mí
la
obra
social
que
yo
crea
que
es
mejor?
Eso
jamás,
porque
quieren
tenernos
bajo
su
yugo.
¿Hijos
discapacitados?
No
están
comprendidos.
¿Tal
operación?
Tiene
que
pagar
un
plus.
¿Tal
remedio?
No
tiene
descuento.
Parecemos
esclavos
de
estas
corporaciones,
porque
no
hay
competencia.
Estamos
indefensos.
Indefensos
ante
el
sistema.
Ante
los
servicios
públicos
ocurren
situaciones
similares.
Siempre
rápidos
para
cobrar.
Siempre
lentos
para
atender
a
nuestros
reclamos.
Aquí
se
da
la
particularidad
de
que
nosotros
somos
los
"usuarios".
Sus
clientes.
Su
razón
de
ser.
Pero
no
es
suficiente
en
un
sistema
tan
distorsionado.
Y
los
entes
reguladores
que
fueron
creados
para
controlar,
y
defender
a
los
usuarios,
están
tan
impregnados
de
corruptos,
que
más
vale
cerrarlos.
En
Buenos
Aires
directamente
son
cajas
automáticas
para
cobrar
coimas
de
las
empresas
privatizadas
nacionales.
Uno
se
da
cuenta
que
aquí
-claramente-
alguien
salió
beneficiado,
pero...
Nos
dijeron
que
esperáramos
10
años
para
que
se
terminaran
los
monopolios,
y
que
no
nos
preocupáramos
por
la
corrupción
que
hubo
en
cada
licitación
o
venta
porque
era
cosa
del
pasado.
Y
ahora,
cuando
iban
a
empezar
a
competir...
volvemos
a
empezar.
¿Y
los
bancos?
¿Lo
que
nos
hicieron?
¿Robarnos
los
ahorros
de
la
manera
en
que
lo
hicieron
-cómplices
con
el
gobierno-
y
quedar
impunes?
Ley
de
Intangibilidad
de
los
depósitos
bancarios:
aquella
ley
sancionada
unos
meses
antes
del
"corralito",
donde
nuestros
representantes
juraban
y
perjuraban
que
jamás
podrían
ser
violentados
nuestros
derechos.
¡Dios
mío!
¡Eso
se
llama
impunidad!
Verdaderamente
estamos
indefensos.
Depositamos
dólares,
recibimos
pesos
devaluados
cuando
ellos
quisieron
y
como
ellos
quisieron.
Y
el
tipo
que
debe,
se
avivó
que
la
ley
de
emergencia
lo
amparaba
y
ya
no
pagó
más.
Y
a
los
contratos
firmados
nadie
los
tuvo
en
cuenta.
Y
más
de
una
empresa
salió
beneficiada.
Muchos
de
nosotros
supimos
en
esa
oportunidad,
hasta
qué
punto
podían
hacer
con
nosotros
lo
que
quisieran.
Ahora
todos
pagamos
-con
inflación
y
con
devaluación
de
nuestros
salarios-
las
deudas
de
esas
empresas
y
de
miles
de
deudores
inescrupulosos.
Y
las
vamos
a
pagar
con
nuestros
impuestos.
Y
dentro
de
5
años
volverán
a
preguntarse
con
cara
de
preocupación:
¿Pero
este
aumento
de
la
deuda
del
país
de
dónde
salió?
Usted,
vos
y
yo
ya
sabemos
quiénes
pagaremos
esa
deuda
y
todas
las
deudas,
al
final
de
cuentas.
¿Y
los
políticos?
Bueno,
aquí
cualquier
ejemplo
se
queda
corto.
Concejales
con
sueldos
exorbitantes
que
se
dedican
a
cambiarle
el
nombre
a
las
plazas.
¿Alguna
vez
lo
visitó
el
concejal
de
su
zona
y
le
dijo
"estoy
a
su
servicio"?
Funcionarios
corruptos
que
arreglan
licitaciones
y
concursos
para
sus
amigos,
"no
importa
si
la
calidad
del
servicio
es
peor".
Allí
caemos
nosotros.
Igual
cuando
se
arregla
una
calle
o
avenida,
pero
la
impunidad
permite
que
el
contratista
le
ponga
la
mitad
de
cemento.
A
la
hora
de
la
inauguración
sobrarán
los
discursos,
pero
a
los
dos
años
volverán
los
baches.
"y
que
importa!
Si
para
esa
fecha
el
político
ya
estará
compitiendo
por
otra
posición...
total
la
gente
se
olvida".
Estamos
indefensos.
Arreglan
entre
cúpulas,
pensando
sólo
en
su
mezquino
interés
sectorial
o
incluso
individual.
Inmorales
de
gomina
y
guante
blanco.
De
discursos
refinados.
Dispuestos
a
saquear
el
Estado
antes
de
que
venga
el
próximo
gobierno.
Nombran
amigos,
deshacen
lo
que
hizo
la
anterior
gestión
porque
"si
no
es
como
seguirle
haciéndole
propaganda",
dicen
con
macabra
ironía
maquiavélica,
que
se
permiten
porque
no
se
cansan
de
decir:
"nosotros
entendemos
los
códigos
de
la
política".
Corruptos
en
acciones
y
en
intenciones.
Endulzan
nuestros
oídos
con
un
marketing
pegajoso
durante
los
primero
años
y
luego
-cuando
llega
el
momento
de
discutir
la
deuda
que
dejan-
"y
bueno!
un
bono
a
16
años,
y
que
la
paguen
nuestros
nietos!"
No
manejarían
así
su
propia
plata.
Pero
claro,
ésta
es
NUESTRA
plata,
y
por
eso
no
importa.
Hace
mucho
tiempo
que
los
políticos
-en
general-
en
Argentina
nos
han
dejado
de
defender
y
se
defienden
ellos
mismos.
Defienden
a
la
corporación
política.
¿Cuánta
plata
se
han
robado
los
políticos
durante
los
últimos
20
años
en
Argentina?
No
lo
podemos
saber
porque
estamos
indefensos
ante
semejante
mafia.
Las
leyes
que
salen
del
Poder
legislativo,
de
esos
representantes
que
votamos
cada
tanto,
¿Nos
defienden?
¿Defienden
el
bien
común?
¿Vale
la
pena
que
les
paguemos
esos
sueldos,
esos
viáticos,
esas
secretarias
y
asesores?
¿Vale
la
pena
acaso
que
le
paguen
con
nuestra
plata
a
los
partidos
políticos
de
uno
a
tres
pesos
por
cada
voto?
¿Se
lo
merecen?
Claro,
Usted
y
vos
y
yo
(y
el
90
%
de
los
argentinos)
queremos
terminar
con
las
listas
sábanas.
Porque
nos
obliga
a
votar
a
gente
que
no
conocemos.
Y
nos
gustaría
tener
uno
o
-a
lo
máximo-
dos
representantes
de
nuestra
zona,
que
fueran
respetables
y
que
tenga
más
capacidad
que
el
resto
para
definir
las
polìticas
públicas.
Pero
estos
políticos
que
hoy
tenemos
no
transformarán
el
sistema
electoral.
Porque,
con
la
incorporación
de
cierta
gente
en
las
listas,
pagan
sus
favores.
Juntaremos
firmas,
escribiremos
cartas
a
los
lectores,
pero
ya
vimos
durante
el
año
2002:
estuvieron
todo
el
año
discutiendo
la
reforma
política
-con
la
presión
de
las
cacerolas
en
sus
oídos-
pero
resistieron
y
al
final
no
salió
nada.
Seguimos
votando
igual
que
antes.
A
los
mismos
y
de
la
misma
forma.
Estamos
indefensos.
No
todo
se
reduce
a
un
reclamo
económico.
Porque
el
maltrato
de
la
administración
pública
es
por
motivos
que
exceden
lo
económico
(ese
constante
"señor,
le
falta
tal
o
cual
papel"
después
de
6
o
7
horas
de
espera...)
Pero
no
podemos
dejar
de
decirlo:
también
estamos
indefensos
ante
el
manejo
corrupto
de
los
fondos
públicos.
Porque
en
los
impuestos
que
pagamos
supuestamente
va
contemplada
la
plata
para
salud,
educación,
seguridad,
justicia.
Y
no
son
pocos
impuestos.
Y
no
son
pocos
fondos.
Los
que
estudian
estos
temas
nos
dicen
que
gastamos
un
porcentaje
similar
al
de
los
países
desarrollados
y
sin
embargo
tenemos
la
salud
y
la
educación
de
un
país
del
tercer
mundo.
Pagamos
los
impuestos,
pero
en
los
hospitales
hay
que
pagar
el
plus
o
la
cooperadora.
Y
la
cooperadora
en
los
colegios
ya
no
es
la
organización
de
padres
que
busca
mejorar
la
escuela
con
alguna
compra
extraordinaria,
sino
que
es
una
verdadera
"caja"
para
que
la
institución
no
sucumba.
Llegan
a
pagarle
los
sueldos
a
los
maestros
en
algunos
lugares.
Y
en
la
policía,
por
cada
trámite
algún
sellado
hay
que
pagar.
Para
sacar
el
carnet
pagamos,
para
casarnos
pagamos,
para
el
documento
pagamos,
para
todo
pagamos.
¿Y
dónde
está
la
plata
entonces?
Nadie
lo
sabe,
concretamente.
Porque
los
ciudadanos
no
tenemos
derecho
a
saber
en
qué
se
gasta
centavo
por
centavo
nuestro
dinero
-es
decir,
está
en
la
constitución,
pero
eso...
que
importa-.
Estamos
indefensos
ante
la
máquina
de
liquidar
nuestros
fondos
que
es
el
Estado
en
manos
de
corruptos
y
mediocres.
Deberíamos
tener
seguridad
pero
terminamos
pagando
-los
que
pueden-
una
seguridad
privada,
para
que
pasen
por
el
frente
de
mi
casa
con
su
auto
destartalado,
y
una
educación
privada,
y
otro
sistema
de
salud,
a
pesar
de
que
-por
ley-
me
descuentan
uno
(pero
no
sirve
para
nada),
y
una
jubilación
privada,
aunque
a
muchos
todavía
nos
descuentan
por
ley
para
una
jubilación
pública,
y
cultura,
y
abogados
para
que
nos
ayuden
a
prevenir
la
injusticia
que
produce
el
mismo
Estado,
y
un
contador
para
que
desentrañe
cuántos
impuestos
hay
que
pagar,
los
que
todavía
sienten
la
obligación
moral
de
pagarlos.
Ciertas
oficinas
del
gobierno
que
fueron
creadas
para
estar
al
servicio
de
la
gente,
son
verdaderos
castillos
infranqueables.
Por
dar
un
ejemplo:
si
usted
es
un
empresario
"pyme"
que
quiere
exportar,
vaya
y
trate
de
conseguir
apoyo
o
asesoramiento
de
la
oficina
respectiva.
Morirá
en
el
intento.
Los
que
allí
están
nombrados
recibieron
una
recompensa
por
haber
trabajado
en
la
campaña
de
tal
o
cual.
Pero
no
están
dispuestos
a
servirnos.
¿Qué
suerte
tendrá
usted
si
quiere
presentarse
para
trabajar
en
algún
puesto
público
en
la
municipalidad,
en
tribunales,
en
el
gobierno?
Seguro
que
tiene
antecedentes,
pero
eso
no
importa.
Usted
tiene
que
tener
acomodo
político.
Si
no,
no
tendrá
suerte.
Si
no,
no
habrá
recompensa
para
usted.
La
sensación
de
estar
indefensos
no
es
sólo
frente
al
Estado
o
los
políticos.
Los
sindicalistas
-que
deberían
representar
a
los
trabajadores-
viven
su
propia
fiesta
de
corrupción
y
de
impunidad.
Las
elecciones
gremiales
están
armadas
para
que
usted
y
vos,
trabajadores
comunes,
jamás
se
les
ocurra
generar
una
alternativa.
Allí
también
funcionan
las
largas
listas
y
el
manejo
de
las
famosas
"estructuras".
Allí
tampoco
hay
democracia.
Su
gremio,
su
colegio
profesional,
su
cámara
empresaria,
no
lo
representa,
pero
no
hay
opción.
Siempre
en
manos
de
los
mismos.
Siempre
un
juego
de
pocos.
Siempre
pedir
algunos
cambios...
para
que
nada
cambie.
La
realidad
nos
amenaza.
A
veces
somos
conscientes
y
a
veces
-de
tan
acostumbrados-
olvidamos
el
riesgo.
Uno
se
sube
a
un
taxi
para
ir
al
centro
o
a
un
ómnibus
para
viajar
a
otra
ciudad
y
siente
ese
cosquilleo
que
da
la
casi
certeza
de
que
nadie
controló
a
ese
taxi,
a
ese
chofer,
a
pesar
de
que
-seguramente-
alguien
cobra
por
esa
obligación.
Y
uno
camina
por
un
puente
turístico
e
intuye
que
-seguramente-
alguien
olvidó
poner
un
cartel
que
marque
las
limitaciones
de
ese
puente.
Y
es
muy
posible
que
donde
deba
haber
un
extinguidor,
haya
una
excusa
después
del
incendio:
"se
lo
robaron".
Y
donde
murió
alguien
por
un
escape
de
gas,
haya
un
inspector
coimeado,
un
profesor
de
educación
física
violador
porque
la
directora
no
se
animó
a
poner
al
colegio
en
el
tapete
con
una
denuncia,
un
secuestrador
liberado,
porque
se
perdió
la
prueba
en
un
trámite
procesal
en
tribunales,
nafta
adulterada
porque
"los
inspectores
están
en
licencia",
una
farmacia
de
turno
que
no
está
de
turno
porque...
y
restos
nucleares
ocultos
en
una
zona
residencial
porque...
y
un
balcón
que
se
desprende
de
un
edificio
y
mata
a
los
transeúntes,
y
un
avión
que
se
cae
cuando
despega,
y
una
discoteca
en
el
que
muere
un
joven
asfixiado
por
el
humo
al
no
haber
salida
de
emergencia,
y
un
conteiner
que
pasó
por
la
aduana
"sin
que
nadie
se
diera
cuenta"
y
un
chori-pan
hecho
con
carne
de
perro
que
se
vende
en
una
de
las
plazas
céntricas...
Dios
mío,
estamos
indefensos.
Las
leyes
existen.
Y
la
Constitución
Nacional
y
Provincial
contienen
sendos
artículos
que
garantizan
nuestros
derechos:
al
trabajo,
a
la
vivienda,
a
la
educación,
a
la
salud,
a
la
información.
Pero
hace
mucho
que
nos
dimos
cuenta
que
la
formalidad
de
la
ley
no
hace
a
una
democracia.
Encerrados
en
nosotros
mismos.
Esta
sensación
de
ser
todo
el
tiempo
"ciudadanos
indefensos"
nos
destruye
como
personas
y
como
sociedad.
Sentir
que
siempre
estamos
sufriendo
-o
vamos
a
sufrir-
una
injusticia
y
que
nadie
se
ocupará
de
nosotros,
nos
cruza
como
una
daga
y
nos
va
secando
las
esperanzas.
Vivimos
día
a
día
mascullando
desconfianza.
Esa
es
la
gran
angustia
que
nuestros
políticos
no
saben
representar.
Porque
no
la
viven.
O
porque
se
benefician
de
ella.
O
simplemente
porque
son
los
responsables
de
que
las
cosas
sucedan
de
este
modo.
¿Cómo
podrían
representar
un
cambio
entonces?
Nuestro
principal
problema
como
ciudadanos,
no
son
sólo
falencias
concretas,
como
la
falta
de
trabajo
o
de
agua
en
nuestro
barrio.
Hay
algo
más
profundo
que
está
presente
en
nuestra
relación
con
el
Estado.
Es
el
resentimiento
que
produce
el
diario
vivir
en
un
sistema
injusto.
Y
nuestra
reacción
es
terrible,
pero
entendible.
Nos
encerramos
en
nuestras
familias
y
vemos
a
todo
el
que
nos
rodea
como
un
potencial
problema
o
enemigo.
Nos
volvemos
más
individualistas
de
lo
que
normalmente
es
una
persona
por
naturaleza.
Siempre
alertas,
tratando
de
cuidarnos
como
podemos,
saliendo
del
paso
por
nuestros
propios
medios,
ladrando
a
la
persona
que
nos
atiende
a
ver
si
así,
nos
presta
atención
o
cortando
una
calle
si
la
situación
es
más
grave
(y
que
los
demás,
se
jodan).
Somos
individualistas
por
la
ocasión,
no
por
vocación.
Somos
cortoplacistas
no
por
falta
de
educación
o
de
cultura,
sino
porque
en
Argentina
no
hay
largo
plazo.
A
eso
nos
han
llevado
nuestros
gobernantes.
Indefensos
como
estamos,
suficiente
con
zafar
del
presente.
Con
ese
espíritu
sobrellevamos
nuestra
vida
en
sociedad.
Somos
una
muchedumbre
solitaria.
Hay
muchos
que
se
avivan.
"Viveza
criolla"
le
dicen
algunos,
"inmoralidad"
le
decimos
los
que
no
hemos
perdido
la
conciencia.
Sí,
ya
sé.
Es
doblemente
indignante
ver
cómo
triunfan
los
que
eligen
el
camino
más
corto.
Los
que
coimean
para
que
salga
su
obra
o
su
licitación,
o
no
cumplen
con
las
normas,
o
no
pagan
sus
impuestos,
o
no
cumplen
los
contratos,
o
juegan
al
corto
plazo
y
son
capaces
de
cualquier
cosa:
desde
pasar
un
semáforo
en
rojo
a
anotarse
en
un
plan
jefes
y
Jefas
de
Hogar,
aunque
no
lo
necesitan.
Algunos
"vivos"
directamente
consiguen
un
arma
y
salen
a
robar,
sabiendo
que
la
impunidad
es
total.
Total
nadie
controla.
"Telenoche
investiga"
-el
programa
televisivo
de
investigaciones
espectaculares
de
fraude
y
corrupción-
es
un
documental
de
nuestra
procesión
cotidiana.
Sí.
Hay
momentos
en
los
que
los
"corruptos
y
los
chorros"
parecen
ser
la
mayoría.
Y
uno
se
siente
el
"bolu...",
el
único
que
está
haciendo
las
cosas
medianamente
como
corresponde.
¿Quién
se
atreve
a
decirnos
"no!
vuelvan
a
confiar
los
unos
en
los
otros,
y
vuelvan
a
confiar
en
sus
dirigentes
y
en
sus
instituciones..."?
Tal
vez
dejemos
que
el
sacerdote
cumpla
su
función
y
nos
marque
el
"deber
ser"
en
los
sermones
del
domingo,
pero
apenas
salimos
de
la
iglesia
nos
vuelve
la
desconfianza
extrema.
Es
como
en
el
cuento
de
las
1000
hormiguitas
que
se
sentían
indefensas
ante
el
elefante
y
deciden
lanzarse
sobre
él;
el
elefante
se
sacude
y
sólo
queda
una
de
ellas
prendida
del
cuello;
las
otras
desde
abajo
le
gritan
"ahorcalo,
ahorcalo"...
Ni
usted
ni
vos
quieren
ser
la
hormiguita
que
juega
su
pellejo
en
el
intento.
Creo
que
es
absolutamente
comprensible
la
actitud
de
los
que
no
responden
a
las
convocatorias
a
la
participación
que
hoy
se
hacen.
Me
siento
raro
al
decir
esto.
Porque
me
he
pasado
los
últimos
10
años
de
mi
vida,
insistiendo
en
cuanto
lugar
he
podido
sobre
la
obligación
de
participar
como
ciudadanos,
de
meternos
a
cambiar
las
cosas,
etc,
etc.
Pero
los
años
pasan
y
he
comprendido
las
razones
que
tiene
la
gente
para
no
aceptar
estas
invitaciones
rimbombantes.
El
que
no
tiene
trabajo
porque
lo
busca
desesperadamente.
El
que
lo
tiene
porque
lo
conserva
con
uñas
y
dientes.
Y
todos
con
la
misma
sensación:
indefensos,
vulnerables
ante
los
poderes
y
las
mafias.
Ante
las
corporaciones.
Con
la
terrible
sensación
de
ser
los
únicos
que
todavía
tenemos
algún
freno
moral.
No
todos
sienten
la
vocación
por
liderar
el
cambio
y
el
99%
de
la
gente
advierte
que
no
están
dadas
las
condiciones
para
jugarse
por
este
país.
Hasta
que
no
estén
dadas
esas
condiciones
-para
que
los
ciudadanos
sintamos
lo
público
como
propio-
creo
que
todas
las
incitaciones
masivas
a
participar
son
en
vano.
Y
la
condición
a
esta
altura
está
muy
clara:
terminar
con
estas
mafias
y
corporaciones
que
se
hacen
un
festín
con
lo
que
es
de
todos,
desde
hace
20
años
(o
más?)
Y
que
han
consolidado
una
cultura
que
ya
incluso
se
ufana
de
lo
que
hace.
Los
ladrones
no
sólo
se
roban
el
dinero
de
todos,
sino
que
además
salen
en
la
revista
"Caras".
¡Eso
sí
que
es
impunidad!
Otros
vuelven
a
presentarse
como
presidentes,
como
gobernadores
o
como
intendentes...
La
tarea
prioritaria
que
hay
que
realizar
hoy
en
Argentina
es
-nada
más,
ni
nadad
menos-
que
depurar
el
país
-a
nuestra
querida
democracia-
de
esta
maraña
de
actitudes
mafiosas
y
corporativas
que
se
han
adueñado
de
lo
público.
Policías,
jueces,
políticos,
legisladores,
acomodados,
sindicalistas
corruptos,
empresarios
coimeros,
burócratas,
empleados
que
hicieron
la
opción
por
adaptarse
a
un
sistema
corrupto
y
hoy
ayudan
con
su
acción
o
con
su
omisión
a
que
el
sistema
perviva,
crezca
y
salga
fortalecido
de
las
sucesivas
crisis,
a
base
de
violentar
nuestros
derechos
y
anteponer
el
interés
personal
o
del
grupo,
por
sobre
el
interés
de
todos.
No
creo
que
sea
una
tarea
común,
normal.
Debe
ser
un
acción
extraordinaria,
contundente,
sin
miramientos,
sin
concesiones.
Es
una
batalla
dentro
de
la
democracia
con
un
sóla
bandera:
liberar
a
la
ciudadanía
y
volver
a
poner
las
cosas
en
orden.
Es
-aunque
suene
exagerado-
una
epopeya
similar
a
la
que
realizó
San
Martín.
Que
no
se
conformó
con
"juntar
firmas"
o
salir
con
la
cacerola
por
las
calles
del
virreinato
para
sacar
a
los
españoles.
Tuvo
que
cruzar
los
Andes
(y
tuvo
que
morir
en
el
exiliio).
Una
acción
extraordinaria
similar
reclama
la
Argentina.
Habrá
que
llevar
los
mecanismos
de
la
república
y
de
la
democracia
al
límite,
para
poder
lograrlo.
Habrá
que
gobernar
con
una
firmeza
y
una
convicción
inquebrantable,
sabiendo
que
todos
los
grupos
afectados
por
el
cambio
intentarán
"quemar
la
ciudad".
Pero
la
supuesta
impopularidad
que
dan
las
decisiones
políticas
contundentes,
en
este
caso,
no
podrá
servir
de
excusa.
En
el
fondo
la
gente
apoyará
el
cambio.
No
saldrá
a
la
calle,
porque
-como
ya
dije-
tiene
miedo.
No
firmará
petitorios.
Pero
apoyará
con
toda
su
alma
a
aquel
que
se
anime
a
dar
esta
batalla.
Y
en
la
siguiente
elección
volverá
a
votarlo.
Hay
gente
valiosa,
el
cambio
es
posible.
Es
posible,
que
de
tanto
vivir
en
este
sistema
absolutamente
distorsionado
más
de
uno
se
haya
resignado
a
que
no
hay
otro
modo.
"Así
es
la
vida"
dirá
algún
mayor
con
experiencia.
"El
que
no
llora
no
mama
y
el
que
no
afana
es
un
gil",
"si
no
pisas
cabezas,
te
pisan
a
vos"
y
otra
serie
de
consejos
ácidos
y
de
visiones
sobre
nuestro
país
tan
apocalípticas
como
erradas:
"somos
un
pueblo
corrupto".
No
somos
ni
mejores
ni
peores
personas
que
el
resto
de
los
que
caminan
por
las
calles
de
Nueva
York,
de
Madrid,
de
Santiago
de
Chile,
de
Sidney
o
de
Quebhec.
Ni
más
ni
menos
corruptos.
Ni
más
ni
menos
patriotas.
Pero
allí
el
sistema
está
a
favor
de
los
ciudadanos.
Incluso
porque
es
muy
estricto
a
la
hora
de
castigar.
En
Estados
Unidos,
en
España,
en
Chile,
en
Australia
o
en
Canadá
han
librado
esta
batalla
y
han
logrado
un
sistema
que
los
respete
como
ciudadanos.
Incluso
en
países
con
las
condiciones
que
tiene
Argentina
(y
las
limitaciones
que
también
tenemos)
han
podido
volver
a
confiar
en
ellos
mismos
y
en
su
país.
Han
recuperado
la
confianza.
Y
con
ella
han
recuperado
la
base
del
desarrollo
económico
y
social.
En
esto
sí
que
voy
a
discutir
con
todas
mis
fuerzas
con
los
escépticos.
Es
posible
lograrlo.
Aunque
nos
llevará
una
vida.
Si
ellos
lo
han
logrado
¿por
qué
nosotros
no
íbamos
a
poder
hacerlo?
Mi
experiencia,
en
este
sentido,
a
lo
largo
de
los
últimos
años
de
contacto
intenso
con
todo
tipo
de
gente
de
los
más
diversos
sectores
y
escalas
sociales,
ha
sido
muy
alentadora.
Porque
debajo
de
los
popes,
de
los
dirigentes
que
supuestamente
los
representan
o
a
los
cuáles
obedecen
-y
que
están
allí
desde
hace
20
años-
hay
gente
trabajando
con
los
dientes
apretados,
disconformes
y
con
muchas
ganas
de
producir
un
cambio.
¿Cuántos
son
los
honestos?
Muchos
más
de
lo
que
pensaba
al
comienzo.
La
gente
honrada,
trabajadora,
y
comprometida
son
una
mayoría
aplastante
en
este
país,
aunque
nuestra
visión
fatalista
a
veces
no
nos
permita
admitirlo.
Somos
muchos
más
los
que
no
robamos,
aún
con
hambre
y
con
necesidades
terribles
sin
satisfacer,
que
los
que
deciden
el
camino
fácil.
Son
mucho
más
los
empleados
decentes
que
los
corruptos.
Somos
la
mayoría.
Aunque
somos
una
mayoría
silenciosa
(y
silenciada).
Mi
experiencia
ha
sido
similar
en
todos
los
ámbitos:
en
la
policía,
en
la
justicia,
en
la
educación,
en
los
hospitales,
en
la
administración
pública,
en
los
sindicatos
y
cámaras
empresariales,
en
la
política,
en
la
Iglesia...
gente
(generalmente
más
joven)
que
no
soporta
ese
espíritu
de
conservación
de
"todo
tal
cuál
como
está"
propio
del
establishment.
Un
empresario
pyme,
que
se
rompe
el
lomo
por
crecer
me
dice:
"somos
900
empresas
las
de
este
sector
que
queremos
tales
y
tales
cambios.
Pero
en
la
cámara
empresaria
son
30
o
40
empresas
tradicionales
que
se
juntan
a
tomar
café
y
hacer
lobby
para
ellos
mismos".
Hay
sindicalistas
jóvenes
que
han
comprendido
perfectamente
el
desafío
de
producir
un
cambio
en
el
régimen
de
representación
de
los
trabajadores.
Hay
policías
dispuestos
a
dar
la
vida
por
servir
a
la
comunidad
(aún
con
un
sueldo
de
800
pesos).
Hay
gente
que
trabaja
en
la
Justicia
que
tiene
capacidad
y
predisposición
a
producir
un
cambio
rotundo.
Sólo
falta
"generar
el
chispazo",
"destapar
la
olla",
levantar
la
voz
y
decir
las
cosas
tal
cuál
como
son
para
que
se
produzca
el
"efecto
contagio"
en
todos
los
ámbitos.
Combatir
este
sistema
perverso
que
nos
somete
es
el
fin
del
movimiento
que
hemos
llamado
"Primero
la
Gente"
(ahora
puede
comprender
por
qué).
Nos
sentimos
con
fuerzas.
No
tenemos
miedo.
Sentimos
vocación
por
hacerlo.
Yo
-particularmente-
siento
vocación
por
hacerlo.
Después
de
unos
años
de
acción,
estoy
convencidos
de
que
mi
única
realización
será
haber
intentado
librar
esta
batalla.
Y
ganarla
si
es
posible.
El
objetivo:
sacarle
el
poder
a
los
políticos,
a
los
corruptos,
y
devolvérselo
a
la
gente.