Reflexión sobre la pobreza

 

POBREZA:
¿CUANTOS SOMOS?

 
Cra. Mariel Páez González
Área Discapacidad y Jubilados
Integrante del Equipo Técnico

Primero la Gente

Cuando hablamos de pobreza, ¿sabemos realmente a lo que nos referimos, o sólo hacemos una acotación como comentario general ante la situación que cada uno de nosotros  estamos viviendo en nuestra ciudad y por ende en nuestro país?

Hoy escuché un comentario sobre el tema pobreza al que  adhiero, porque la gravedad del tema amerita que todos nos comprometamos y aboguemos para tratar de revertir esta grave y terrible problemática de la que muchos creemos que no nos afecta y ello es un craso error.

No seríamos pobres o no tendríamos una población en estado general de pobreza si se cumpliera con estos puntos:

1.        Alimentación adecuada o necesaria.

2.        Educación  básica asegurada  hasta nivel terciario.

3.        Vivienda familiar.

4.        Acceso pleno a un sistema de salud integrado.

5.        Justicia y seguridad personal y colectiva.

6.        Salario digno.

7.        Distribución justa de la riqueza y carga tributaria.

8.        Acceso normal y regular a un medio de transporte publico.

 Si no tenemos un gobierno que nos garantice a todos los ciudadanos y a cada uno de nosotros: integrantes de la sociedad -  independientemente de nuestro nivel de ingresos - estos  puntos básicos para una vida digna y de evolución, no podemos hablar de crecimiento, de mejorías productivas, de aumento de empleo genuino, de disminución de la inflación, de redes de cobertura de salud, de incremento en la recaudación fiscal, etc. Todo ello pierde valor si no se logra cubrir adecuadamente los puntos mencionados.

Para no estar en estado de pobreza hay varios parámetros que debemos tener satisfechos o superar esos límites, cosa  ésta que da un marco más amplio de encuadre que el simple hecho de superar una cifra mensual de ingresos. Poco valor tiene fijar un límite o una línea dibujada, que nos indique que si traspasamos esa línea o dicho valor nos encontramos en una situación mejor o superadora del nivel de pobreza.

Parece infantil pensar o peor aún hacernos creer que si nuestro ingreso supera ese valor aunque sea solamente en un peso o en unos  pocos pesos más, dejamos de ser pobres. Tener en nuestro haber mensual 100, 200 o 300 pesos más o menos, no nos libera de la pobreza; a lo mejor hace que este mes logremos abonar algunos pagos más de los que mensualmente tenemos y no quedemos tan en rojo como todos los meses anteriores.

Pensemos un poquito:

1.- El derecho a contar con una alimentación completa es primordial para que en todos nuestros hogares, nuestros hijos crezcan con los nutrientes necesarios para lograr un desarrollo equilibrado y  de este modo salvaguardar la salud y crecimiento. Contamos con un país privilegiado en cuanto a su geografía, con climas variados  que a lo largo de sus latitudes permite cultivar y criar la más amplia gama de productos y animales. No merecemos bajo ningún punto de vista carecer de alimentación adecuada. Planes de Comida Asistencial no resuelven el problema, sólo contribuyen a crear hábitos inadecuados de una sociedad madura.

2.-Tampoco nuestros hijos tienen una educación regular y con  el nivel académico de excelencia que merecemos, para que egresen con herramientas variadas y óptimas para enfrentar la lucha de vida y progreso a la que se enfrentarán en los años porvenir. La buena educación debe estar presente en todos los niveles.

3.- Asimismo las familias no accedemos a créditos accesibles para tener una vivienda digna, porque los planes oficiales hacen agua en varios puntos y hay grupos que no estamos contemplados, por ejemplo,  monotributistas y autónomos entre otros.

4.- También ante una emergencia, urgencia y/o controles de salud, no  logramos que nos atiendan en el establecimiento sanitario en forma correcta y completa;   bien por falta de insumos o por que se encuentran de paro administrativo los empleados o los médicos están con algún reclamo, o las obras sociales vigentes no nos cubren todas las prácticas  y estudios que necesitamos.

5.- Del mismo modo no contamos con una seguridad ciudadana concreta y confiable; nuestra sociedad necesita y merece que no nos amedrente en forma abrumadora la ola de asaltos y robos callejeros y domiciliarios que a diario se cronican, amén de la cantidad  de hechos que no se publicitan. Los atentados con gran alevosía son cada vez más y más frecuentes. Nuestra justicia parece ser ciega sorda y muda y la policía carente de fuerza.

6.- El reclamo salarial es pan de todos los días, el disconformismo es continuo. Un parámetro de equilibrio y distensión social es que logremos un salario digno para todos los niveles, una sociedad justa debe equilibrarnos en cuanto a salarios y oportunidades. Demos tener la seguridad también que llegaremos a contar con una vejez tranquila, que lleguemos a estar jubilados con haberes jubilatorios dignos y adecuados. Debemos pedir que deje de haber hijos y entenados.

7.- La carga fiscal debemos soportarla en la justa medida y el gobierno nacional debe coparticiparnos en tiempo y forma. Ello conduce a una  equilibrada distribución de la riqueza.

8.- Un punto que también hace a la buena calida de vida y alejamiento de factores de pobreza social, es contar con transporte público regular y seguro. Debemos llegar a hora a nuestros trabajos; no estar sufriendo porque el ómnibus pasó tarde y no nos levantó o si tenemos la suerte de ir en auto no podemos llegar en hora porque hubo un corte de calles o avenidas por  reclamos de grupos afectados por alguna causa o falencia.

Ante esta simple enumeración de situaciones, sentimos que falta mucho para que podamos decir que estamos avanzando y lo peor es que la pobreza moral es más grave o mayor que la que impone la falta de ingresos suficientes.

Los pobres de verdad somos muchos. Muchos más de los que pensamos o creemos.

Lo más delicado es que nos vamos empobreciendo o nos quieren empobrecer. Nuestros gobiernos al lograr el empobrecimiento de nuestro intelecto, de nuestra capacidad de razonamiento y de nuestras ganas de progresar, nos quieren marginar y anular. De ese modo nos transforman, casi sin darnos cuenta, en una sociedad conformista y  egoísta porque seguimos pensando inmaduramente en que: “mientras a mi no me toque o pueda zafar, aguanto…” No permitamos que siempre nos repitan la misma película y no reaccionemos. Alertemos nuestro espíritu de lucha.

No debemos olvidar que el hombre como ser máximo de la creación tiene que estar siempre de pie, digno, para evolucionar, con las banderas de paz, solidaridad, caridad, esperanza y justicia desplegadas a los cuatro vientos, mantenidas con mano firme. El sol del futuro nos debe alentar a diario, no permitamos que nos mantengan sentados en las sombras de la indiferencia y egoísmos personales.

Como sociedad debemos exigir que se cumpla plenamente nuestra ley máxima que es nuestra Constitución Nacional; bajo su manto, tendremos cubiertos todos los puntos que necesitamos  satisfacer, en forma equilibrada y no dependiendo de dádivas y/o sometidos a caudillismos autoritarios que distorsionan a un país republicano y federal como lo es nuestra República Argentina.

Hagamos oír nuestras voces, despertemos la conciencia colectiva, pensemos que un coro está compuesto por muchas voces, con distintos registros, tonos, y colores pero con la unión de todas se logra escuchar una maravillosa canción. No acallemos nuestras voces, convoquemos a formar un coro social que logre emitir una canción  armoniosa y que sea escuchada por todos y aplaudida por la sociedad y su eco se propague sin cansancio.

Nada se logra si no lo iniciamos. Tenemos la convicción de que nuestro pedido es justo: Educación, Salud, Vivienda, Seguridad, Justicia y Trabajo. Todo puesto al servicio del hombre y de brindar oportunidades a todos los miembros de esta sociedad civil que conformamos los cordobeses y que nuestro ejemplo trascienda así a otros ámbitos.

Gracias por leer esta  opinión.