Sres. políticos:
no corrompan a la gente

 

¿Qué capacidad de influencia sobre el voto de la gente tendrán los bolsones en esta elección?

Todos tenemos triste conciencia de que un porcentaje extraordinario de votos no se decide en los debates que generan instituciones prestigiosas de Córdoba (lamentablemente los medios masivos ya ni siquiera eso organizan), ni en las propuestas que resumen nuestros folletos, ni en las charlas que se puedan generar con los vecinos. La decisión es condicionada por el clientelismo.

He estado recorriendo los barrios más humildes de Córdoba. Y muchos ya esperan con impaciencia que lleguen esos camiones cargados de bolsones y de regalos. Lo entregan una vez -a lo más pasan dos veces- pero aunque sea es como una “alegría pasajera”. No esperan mucho más de la política, de tanto que los ha defraudado, así que al menos le sacan algo a los candidatos...

 Hasta ahora la mayor convocatoria que se ha hecho en Córdoba en contra de esta práctica política corrupta la hizo Luis Juez, cuando pidió que “reciban los bolsones, pero no los voten”. Ahora el intendente ya tiene acceso a los dineros públicos y competirá con De la Sota, por ver quién reparte más entre los más pobres de Córdoba.

 ¿Cómo cortar de cuajo con esta “coima” a la inversa que reparten los políticos, corrompiendo al pueblo? La única manera es que ese mismo pueblo rechace esa práctica y se levante con dignidad para pedir trabajo y educación en lugar de bolsones.

 En esta campaña, nuestra convocatoria pretende una verdadera revolución moral de abajo hacia arriba, sobre la base del ejemplo y la dignidad de la gente humilde. Que la gente pobre no reciba ese bolsón ocasional que llega para la elección (ni la zapatilla “y te doy la otra si ganamos”, o el medio billete, o las bicicletas que reparte la ex esposa del gobernador, etc) Que los rechace con firmeza diciéndole a los políticos que “los pobres no recibimos sobornos. Lo que queremos son oportunidades”.

 Miles de personas que tomen esta actitud pueden generar un antes y un después en la política argentina, tan atada a las prácticas corruptas que vienen desde lo más profundo de nuestra historia.

 Los críticos a nuestra propuesta a la gente marginada, dirán que para nosotros es sencillo decirlo, porque no tenemos y no hemos sufrido hambre y privaciones a lo largo de nuestra vida. ¿Con qué legitimidad puedo pedirle yo, un joven profesional con buena base económica, a una persona con necesidades básicas tan urgentes, que en un acto de heroísmo prive a su familia de la ocasional comida que le acerca el inescrupuloso puntero?

 La verdad que con ninguna. Sólo es un pedido de un joven que tiene esperanza en poder cambiar esta Argentina tan distorsionada por lo político, pero que es consciente que el cambio sólo será posible con actitudes firmes y heroicas de la gente común, en especial de los más humildes.

 Cuando saquemos del medio estos sobornos (y en general todo clientelismo), quedará en evidencia el verdadero debate urgente que es cómo garantizar rápidamente trabajo en blanco, salud, educación, vivienda y una jubilación digna a la mitad de los argentinos, pero a través de mecanismos transparentes que se desarrollen más allá de la discrecionalidad de los gobernantes.

 Creo que la política es, entre otras muchas cosas, un mecanismo para asegurar una justa distribución de la riqueza en la comunidad. Pero eso nada tiene que ver con el hecho de que un político llegue a un barrio y en lugar de decir lo que va a hacer, reparta a sus seguidores lo que -para colmo- no es de él sino que es de todos (porque a los bolsones los pagan nuestros impuestos)

 La convocatoria está especialmente dirigida a los jóvenes humildes. Ellos tienen que hacer valer su derecho a tener una oportunidad real de salir de la miseria. Tienen la fuerza que todos los jóvenes tenemos, pero necesitan capacitación, crédito, y leyes laborales que faciliten a las pymes tomar gente sin experiencia. No cambien su legítima aspiración a vivir una vida mejor que la de sus padres por un bolsón o una bicicleta.

 Se que los bolsones se reciben, pero luego se puede votar a cualquiera. Pero es como si yo, candidato, dijera “recibo plata de la droga o de la noche de Córdoba”, pero después la uso para cosas buenas. Terminemos con esa doble moral que finalmente carcome nuestra alma. Terminemos con la corrupción que viene de la política. Levantemos un grito lleno de dignididad y esta vez le digamos a los políticos: rechazo tus bolsones y reclamo mis derechos.

 Por Sebastián García Díaz
Candidato a Diputado Nacional