La mentira del voto preferencia.

El voto de preferencia establecido en la reforma de la constitución de Córdoba -que se hizo el año pasado- fue un "cambio para que nada cambie". No hace falta ser erudito para advertir que el sistema que permite "tildar", o tachar o darle otro orden a la larga lista de 40 legisladores no funcionará. Y esto por tres razones:

  1. Los ciudadanos no conocemos a esos candidatos de la lista, surgidos de las estructuras partidarias, pero sin legitimidad ni reconocimiento ante la comunidad. Si no los conocemos ¿Cómo podríamos tildarlos o preferirlos sobre otros, en forma masiva y determinante? Tal vez los prefieran sus familiares y amigos pero eso no torcerá el rumbo de la elección.
  2. La cultura electoral de nuestro pueblo indica que muy pocos se tomarán semejante trabajo en el cuarto oscuro.
  3. El reclamo principal de la ciudadanía es que se termine la partidocracia. Y en este sentido nada cambia. El mensaje es: Sr. Ciudadano, le permitimos que cambie el orden pero siempre dentro de la lista que le propone un partido o el otro. Los ciudadanos no somos tontos y no nos dejamos usar.

Una y otra vez, los intelectuales del "no se puede" atemorizan a la población trayendo a colación experiencias históricas realizadas hace 50 años. Pero Argentina ha cambiado y mucho. Hoy el voto por circunscripción, muy lejos de fortalecer a las oscuras estructuras de los partidos tradicionales, supondría su sentencia de muerte.

Si dividimos al país, a la provincia y a la ciudad por zonas y permitimos que cada zona elija un concejal, un legislador provincial y un diputado nacional (o a lo más dos) y si además facilitamos que en cada zona se presenten candidatos independientes, es muy probable que un breve tiempo estemos eligiendo al vecino más representativo de nuestra zona sin importar si es radical o peronista.

Esos candidatos podrán armar una pequeña estructura zonal y no necesitarán fondos extraordinarios para hacer campaña. Con sólo recorrer su zona y dialogar con los vecinos estará compitiendo de igual a igual con las grandes estructuras. Y deberá imprimir y conseguir fiscales que le cuiden los votos, sólo en los colegios de su circunscripción.

Sólo una reforma que permita votar una boleta -separada de las otras- con un solo nombre del candidato de mi zona terminará con la crisis de representación que hoy mata como un cáncer a los poderes legislativos. Es un sistema simple y rápido y responde al clamor ciudadano de tener pocos representantes pero buenos.

Una vez elegido, sabremos perfectamente quién es el legislador de mi zona -con nombre y apellido-. Segurmaente votará conforme nuestras inquietudes y no por disciplina partidaria y rendirá cuentas si es que pretende volver a presentarse para el mismo cargo o para una instancia superior.

Me extraña que estos intelectuales mencionen a la reforma de la constitución del 2001 que fue vergonzosa. No sólo por haber dejado establecido un sistema de preferencia, condenado al fracaso, sino además porque dejaron intactos todas las barbaridades que se habían establecido en la reforma del 87, como la mayoría automática en los concejos deliberantes (por dar sólo una).

Si vamos a hablar de reforma política, terminemos con las mentiras y con las puestas en escena. Un cambio de fondo sería que en la próxima elección ya pudieran presentarse candidatos a gobernador, a intendente y a legisladores reuniendo requisitos mínimos. No hace falta reformar la constitución para permitir esta novedad reclamada por todos. Los dirigentes tradicionales tienen miedo a perder sus privilegios, pero los ciudadanos estamos perdiendo la paciencia.

Sebastián García Díaz
Director de "PRIMERO LA GENTE"