Mención
de honor
"Dirigente se nace" respondió
un filósofo cuando le planteé la necesidad de formar
una nueva generación de dirigentes en Córdoba. Después
sentenció: "lo que ocurre es que no los dejamos nacer.
Estamos abortando dirigentes desde la concepción."
Así es: desde muy niños,
se enciende una pequeña llama en el corazón de un dirigente.
Se los ve venir: tienen fuerza, son entrometidos, cuestionan, organizan,
lideran... los padres orgullosos. El colegio primario se encarga de
que la llama sea lo suficientemente controlada como para no generar
mayores problemas a las ya desbordadas maestras y directoras. Mueren
durante ese período vocaciones dirigenciales -fundamentalmente-
por falta de atención.
El secundario va más allá,
y utiliza las más siniestras estrategias para que la llama
de la vocación se apague. Enciclopedismo, dogmatismo, aburrimiento
y un sistema lo suficientemente anticuado; la fórmula es implacable
para matar un espíritu inquieto y el aborto está en
proceso.
Ayudan la televisión, que no deja
dirigente con cabeza, y se ríe de todos y de todo. El grupo
de amigos, que no se cansará de burlarse del compañero
que "pinta para político", el amor adolescente que
en alguna noche de intimidad lo hará sentir como un estúpido:
"¿Cómo qué querés presidente? No seas ridículo".
Muchas familias -a esta altura- ya no
están tan orgullosas y miran con nerviosismo la vocación
pública del joven. "La política es un desastre
hijo: no te metas" le dirá un padre con buenas intenciones.
Ni que hablar si es una hija.
El joven se está cansando de ser
un "bicho raro" y de tener que salir al ruedo cada vez que
alguien -que conoce su vocación- le recrimina lo que hizo el
gobierno, tal político, tal sindicalista como si el ya fuese
parte del establishment.
El "aborto" se consuma, para
los que no ingresan a la universidad, cuando deben empezar a trabajar
en lo que sea para sobrevivir. Para los universitarios hay todavía
un período de gracia. Sin embargo la Universidad será
"el médico responsable" de hacer que esa llama nunca
llegue a convertirse en el fuego sagrado que quema el pecho de un
dirigente con vocación pública.
¿Será por eso que en Córdoba
no hay suficientes jóvenes dispuestos a asumir el desafío
de lo público? Seguro que sí. Porque los responsables
de formar, no se dan cuenta de que la formación de un dirigente
exige -ante todo- una formación del carácter.
Dispuestos a morir
Pero hay una cuestión más
profunda: el líder nace al fragor de un proyecto común.
Y hoy no hay proyecto común. La forma más dramática
y más evidente de demostrarlo es preguntarle a un joven: ¿Por
qué o por quién estás dispuesto a morir? "Por
nada y por nadie" será la respuesta. Ni por mi patria
-no dejaré que un Galtieri me lleve al matadero- ni
por mi gente, porque el único contacto que tengo con "mi
gente" es el ómnibus y el estadio de fútbol. Tampoco
por la Libertad -¿de quién?- ni por la justicia. Sí
por mi familia, pero nada más.
Si no hay causas públicas, no
habrá dirigentes públicos. ¿Cómo convencer a
un joven idealista -pero no tonto- de que debe abandonar la vida privada
para defender una causa "pública" que a nadie importa,
y que sabe le traerá infinidad de enemigos y ninguna satisfacción?
Ni siquiera el reconocimiento de la gente que sólo murmurará:
"algo se habrá quedado en el bolsillo"
En definitiva, no debe haber nadie en
Córdoba que contradiga la necesidad de nuevos dirigentes públicos.
Pero que no sea mi esposo, ni mi hijo, ni mi amigo, ni mi padre, ni
mi novia. Héroes se busca, que sepa inventarse su propia causa
y que haga lo posible por convencernos (por supuesto con buen marketing,
porque no compramos cosas mal vendidas), que se forme sólo,
que vea la forma de mantenerse -no vaya a ser tan inmoral de pensar
en vivir del Estado- y fundamentalmente que no moleste mucho con ideas
alocadas, a ver si todavía algún empresario se enoja
y amenaza con llevar su planta a otro país".
Tenemos un problema: faltan jóvenes
dirigentes. Lo saben los grandes personajes de Córdoba. Los
intelectuales, los empresarios, los periodistas, los educadores, los
religiosos, los gobernantes. Y si uno les pregunta sobre el tema se
rasgan las vestiduras.. Pero llegado el momento, no mueven un pelo.
Propongo una causa: lanzar desde Córdoba
algo grande -muy grande- que se proyecte a todo el país. Solicito
especial esmero para detectar a jóvenes y adolescentes con
perfil de dirigente. Que las instituciones educativas, políticas,
religiosas y sociales aseguremos una atención especial a estos
dirigentes en potencia, como si estuviéramos ante un "especie
en extinción". Vamos a alentarlos, a felicitarlos por
su vocación, a dejar que forjen su espíritu al fragor
del debate sobre lo que Córdoba necesita.
Mención de honor a la familia
que sea capaz de dar un joven dirigente a la provincia.