La visión de la ciudad


Una ciudad que
nos haga mejores personas

Por Sebastián García Díaz
Presidente de Primero la Gente


El desafío de un intendente no sólo pasa por brindar los largamente reclamados servicios básicos. El proyecto debe ser capaz de convertir a Córdoba en una ciudad llena de oportunidades para todos.

En el marco de un mundo competitivo y globalizado, las ciudades han pasado a convertirse en la plataforma de lanzamiento de su gente (y su potencial) o, por el contrario, en el ancla de sus fracasos. Ya no son los países, ni las provincias; son las ciudades que por ello compiten entre sí.

Cuando los cordobeses asumamos que ninguno podrá ser feliz sólo (o sólo salvando a su familia) entonces vamos a lamentar no haber reclamado con mucho más contundencia, ya no el bache de la esquina, sino un marco de bien común para empezar a respetarnos, a preocuparnos por el otro, a interactuar y a sentirnos “socios de un ambicioso proyecto de ciudad”.

Para lograrlo, el intendente y su equipo tienen que ampliar su horizonte mental y visualizar un gobierno que ayude a su gente a ser mejores personas, a ser protagonistas de su propio destino y a superarse constantemente.

Bajo esta óptica las prioridades se transforman. La clave pasa por lograr la mayor educación y la mayor cultura de nuestra gente, únicas herramientas idóneas para una verdadera igualdad de oportunidades. ¿De qué “vale lo nuestro” si sólo es un bono para comprar comida? Los marginados necesitan capacitarse para trabajar, no dádivas. Ahora sólo le estamos dando pan para hoy, pero hambre para mañana.

En la misma línea, ya no podemos conformarnos sólo con gestionar las 39 escuelas municipales. La educación de la comunidad debe ser un acuerdo estratégico con todas las instituciones educativas de la ciudad y un plan sistemático de difusión de valores a través de instrumentos de educación informal (espacios en la vía pública, medios masivos de comunicación, etc). La ciudad tiene que “respirar” valores comunes.

Si Córdoba busca en las raíces de su historia encontrará que el detonante más estratégico para su proyecto a futuro pasa por convertirse en la Ciudad del Conocimiento. “Córdoba: la Docta” es nuestra base y nuestro horizonte; el diferencial y el factor competitivo frente a las otras ciudades de la región, si lo logramos aprovechar. Las oportunidades económicas que generaría este encolumnamiento en torno a un norte son exponenciales: mejores sueldos, mayor valor agregado, empresas que deciden radicar en Córdoba las oficinas donde se toman decisiones... y esto en definitiva es trabajo para todos. Hoy, sin embargo, como no tenemos esta perspectiva, dejamos que nuestra histórica universidad chapotee en la mediocridad, gobernada a piacere por los parásitos de su autonomía. El futuro de nuestras universidades también es un tema prioritario de los vecinos.

¿Debería la Intendencia de Córdoba -convocando al capital privado- otorgar un número importante de becas de posgrado en el exterior a los mejores promedios de las universidades, con la condición de que luego vengan y se instalen (hasta devolver la beca) en la ciudad de Córdoba a desarrollar sus proyectos? Eso han hecho las ciudades que hoy están despegando en todas las latitudes.

Sin embargo, para que esto pueda ser posible hay que reformular la burocracia municipal a fin de liberar fondos genuinos para atender, no sólo las demoradas obras, sino también estas prioridades. Pero no será suficiente con esos fondos: tenemos que ser capaces de generar un salto cuantitativo de crecimiento y de recaudación, como para llevar el actual presupuesto de 600 millones de pesos al doble como mínimo.

Por supuesto, eso no se hace aumentando impuestos. El intendente (y su equipo) tienen que desvivirse por generar las condiciones para que Córdoba se convierta en la ciudad de las inversiones, atracción de los emprendedores, meca de los que tienen proyectos de desarrollo, lugar ideal para que se radiquen empresas nacionales y extranjeras y vivan sus directivos.

¿Inversiones de qué tipo? Hoy los únicos que se animan son los emprendimientos inmobiliarios (porque “es difícil que los políticos metan mano a los ladrillos”). Pero necesitamos más: Córdoba puede convertirse en un polo turístico de nivel internacional, nodo logístico del Mercosur y sede de varias de sus instituciones, centro de excelencia a nivel regional en medicina de alta complejidad,  centro de investigación y desarrollo agroalimentario, aeronáutico y espacial, centro multicultural y religioso, hasta centro financiero y de valores... El resultado es una ciudad creciendo con el doble de recursos para cumplir con nuestros propósitos de la primera mitad del artículo. 

El camino corto y más fácil es ir a mendigar fondos a Buenos Aires. Pero apostar todo a esa vía nos degrada, nos achancha, y nos impide sentir la necesidad y el entusiasmo por un proyecto superador que dependa de nuestras propias fuerzas.  

Se que el “día a día” de la gestión municipal absorbe todas las neuronas de nuestro intendente como para sentarse a pensar estas cosas, pero comete un grave error si los árboles no le dejan ver el bosque. 

En la carpeta de reformas estratégicas (que -lamentablemente- no es la carpeta del PECba) espera la organización política descentralizada que necesitamos (¿cuándo elegiremos los vecinos de la zona al director del CPC y cuando reformaremos la vergonzosa forma de elegir a los concejales y al tribunal de cuentas?) conjuntamente con procesos más complejos aún como la necesidad de atar a las intendencias de la región metropolitana para que se subordinen a una política común de desarrollo o la forma de ordenar los recursos humanos de la municipalidad.  

Está pendiente también la tarea de fortalecer la Sociedad Civil en Córdoba que no logra proyectarse. Y cómo potenciar la “Fe” y la cooperación interreligiosa (que es una característica de nuestra comunidad) como remedio para la violencia, la desintegración familiar, la marginación y otros males sociales más profundos como el individualismo y el relativismo que hoy escapan a la acción política.  

Lo primero de todo, para que estas preocupaciones tengan predicamento en la opinión pública, es que los dirigentes prediquemos con el ejemplo. En especial la cabeza máxima que es el intendente. Esa continua ironía chabacana y superficialidad que cultiva Juez como estilo, podrá tener réditos en su imagen, pero empobrecen de tal manera el debate político que cunde el desaliento, al ver que lo único que importa es el estado de la pelea entre el gobernador y el intendente. 

Los cordobeses podemos aspirar a vivir en una gran ciudad y no en una ciudad demasiado grande como es ahora. Pero depende mucho del intendente ¿Estará Giacomino a la altura de las circunstancias? En lo que a nosotros respecta, nos estamos preparando para estarlo, cuando nos llegue el turno de gobernar.