Reflexión
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¿Hay 1000 ciudadanos responsables?

Abraham preguntó: “¿Es cierto que vas a exterminar al justo junto con el malvado? Tal vez haya cincuenta justos dentro de la ciudad ¿es cierto que va a acabar con todos y no perdonar el lugar, en atención a esos cincuenta justos?.. Yavé respondió: “si encuentro cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo el lugar en atención a ellos”.-

Ha llegado la hora de que decidamos qué significa para nosotros Córdoba. ¿Vamos a vivir el resto de nuestras vidas, a pesar de nuestra ciudad o ayudados por ella? Todos sabemos lo que nos está pasando y quiénes fueron los culpables. Cárcel a "ellos", por supuesto. Y que la gente nos los vote de nuevo. Pero ¿Y nosotros? ¿Qué responsabilidad tenemos en que esta ciudad esté postrada?

Ojalá fuera sólo cuestión de cambiar el gobierno... El problema de Córdoba es mucho más profundo, porque el problema somos nosotros mismos. No hemos entendimos que nadie se salva sólo. Que tenemos que vivir todos juntos. Y que la diferencia es si vamos a hacerlo como una comunidad o como una selva.

Basta de excusas. Basta de culpar al otro. ¿Vamos a desarrollar las oportunidades que ofrece esta gran ciudad o vamos a quedarnos sentados sufriendo los problemas de una ciudad demasiado grande?

Sí, queridos vecinos. De la boca para afuera somos todos enamorados de Córdoba. Pero hace mucho que dejamos de hablar en primera persona del plural cuando hablamos de ella. A medida que pasó el tiempo caímos en la tentación de pensar que no son necesarios mayores contactos con personas ajenas a nuestro círculo cercano. ¿Para qué?

Vimos la basura acumularse, pero "no se acumulaba en el fondo de mi casa". Y cuando nos asaltaron una y otra vez, preferimos poner más rejas, contratar un seguro o irnos a vivir a un barrio cerrado –los que pudieron- en lugar de asistir a esa reunión de vecinos para reclamar una justicia más rápida y una policía más certera. Nuestros hijos nos fueron contando que la noche se ponía cada vez más peligrosa, con miles de jóvenes escondiendo detrás del alcohol y la droga, su falta de perspectiva. Pero bueno: hasta ahora, mis hijos no han muerto en un accidente de auto!!

Ni siquiera reaccionamos cuando advertimos que la falta de cooperación estaba afectando mi trabajo o mi negocio. Para muestra vale un botón: hace poco conocí un médico de la zona sur, que se bañaba en un fuentón desde hace dos años por falta de cloacas, pero en su vida había participado en ninguna reunión vecinal.

Sé que hay gente que se mueve y hace cosas. Pero incluso en ellos el "nosotros" se ha vuelto tan chico, tan puntual, tan segmentado, tan parcial, que dejó de tener conexión con el todo. El todo es tierra de nadie. De los políticos. De juez y De la Sota. Ni siquiera tiene un espacio en la televisión para debatir. Porque no nos importa. Al final de cuentas: ¿qué tengo que ver yo, que quiero seguridad para mi barrio, con vos, que estás luchando por la escuela destruida? Claro: la solidaridad es marketing cuando no hay un vínculo que haga sentir "próximos" a personas con realidades tan diferentes.

Escribo este artículo como si fuera una alarma, porque Córdoba asfixia, Córdoba muere, Córdoba se queda en el tiempo, se aleja del mundo y de las ciudades vecinas. ¡Despertemos todos los que sabemos que así, vamos por mal camino! Si no reaccionamos, esta ciudad será un infierno en pocos años. ¿Hasta dónde tiene que llegar el índice de pobreza en el gran Córdoba para darnos cuenta que hemos fracasado? Cambiemos. Reaccionemos. Allí están las oportunidades. Pero tendremos que ser una comunidad para aprovecharlas. Porque si no hay comunidad no hay corazón. Y si no hay corazón sólo hay bolsillo.
Y las ciudades no triunfan si no hay fuego sagrado en sus ciudadanos.

¿Qué es comunidad? Una sociedad que quiere compartir valores. Y no sólo derechos, sino también obligaciones. Desde las cosas más sencillas como no ensuciar el espacio público hasta las más complejas como respetar la ley aunque nadie nos mire. Desde la cooperación más básica -te doy el asiento, aunque el cartelito nada diga- hasta el desafío de resolver juntos el problema de la falta de trabajo o la violencia; o los males que afectan a nuestros hijos.

Cuando la gente se decide a intentar vivir en una comunidad hay un acuerdo de vivir juntos, a pesar de todos los factores que tienden a separarlos. Se genera una conciencia que una ciudad "buena" puede ayudarnos a ser mejores personas -a ser buena gente- y a vivir cada vez mejor. Las grandes ciudades del mundo que han revertido su decadencia no lo lograron porque organizaron la olimpiada o porque hicieron un museo. Forjaron un proyecto comunitario y generaron las condiciones para potenciar las libertades individuales, la creatividad y las oportunidades de los ciudadanos que en ellas viven. Todo lo demás vino como consecuencia.

Como en todas las ciudades hay gente que logra advertir esta necesidad de cambiar y otros que no.
No importa la razón: o por falta de cultura, por egoísmo, o por apremios económicos que impiden pensar en otra cosa que no sea la subsistencia; algunos siempre tienen una excusa para safar. Pero hay otros que recibieron 10 talentos de Dios. ¿Cuántos devolveremos cuando nos llegue la hora?

Se que andan muchos cordobeses justos –callados- por las calles callados. Pero no sé cuántos de ellos estarían dispuestos a dejar parte de su tiempo, recursos económicos, tranquilidad por sacar a esta ciudad de la corrupción generalizada y dejar algo mejor para sus hijos.¿Serán 100.000? ¿50.000? ¿serán 10.000? Si sólo hubiera 1000 ciudadanos responsables dispuestos a jugarse, podemos cambiar el destino de Córdoba. Aunque Abraham no encontró ni siquiera 10 justos que salvaran la ciudad.
No será nuestro caso. Eso espero.

Sebastián García Díaz
Presidente de Primero la Gente

www.primerolagente.com.ar