Una breve presentación.


Estamos hartos. Todos queremos un cambio. Algo nuevo. Una nueva generación de dirigentes, no "infectados" por las viejas y corruptas prácticas políticas. Pero ¿Quién se anima a dar la batalla?

La Argentina colapsó por sus propios errores.
Y los argentinos lo hemos pagado muy caro.

A más de uno la angustia los ha derrotado. Se fueron del país o lo pensaron seriamente. Juran y perjuran que nunca más en su vida volverán a confiar en ningún banco, en ninguna institución argentina, en nadie.

Gracias a Dios, sin embargo, hay gente -un porcentaje sorprendente- que decidimos participar. Muchos jóvenes. Hubo una conciencia repentina de que, si no participamos, esto se hunde definitivamente.

Sin embargo, el problema es que la crisis Argentina es política -profundamente política-, pero lamentablemente todavía no hay gente que se decida a enfrentar éste, el verdadero desafío.

Si, es terrible lo que pasa dentro de la política. Es denigrante. Hay que tener mucho estómago. Mejor participar en una ong, en una parroquia, o en un colegio profesional.

Participar en el tercer sector es una buena alternativa, sin duda. La fuerza y la mística de las instituciones intermedias es la reserva moral y el semillero de dirigentes que construirán una Argentina distinta, una Argentina sustentable.

Pero la crisis política de la República Argentina exige respuestas inmediatas. No hay tiempo. Las cosas hay que hacerlas ahora. Y nuestro país todavía depende de lo político, lamentablemente. No podemos producir un cambio de fondo, si lo político continúa en manos de mediocres y de corruptos.

Esto significa que, si en los próximos años algunos de nosotros no asumimos el desafío de prepararnos (y capacitarnos) para producir un gran cambio político -desde el gobierno- entonces el compromiso de todos será destruido por el caos. Si no cambiamos la política, nada cambiará en la Argentina.

No por los partidos tradicionales.


El problema es que para cambiar la política hay que cambiar primero los partidos políticos. Por mucho que nos rebelemos, las leyes les han dado a los partidos el monopolio para presentar candidaturas. Lamentable, pero es así.

Mientras eso no cambie no hay opción: los nuevos gobernantes que queremos, tendrán que participar en partidos políticos en algún momento.

Y si ninguno de nosotros está dispuesto a hacerlo, entonces está claro por donde debemos empezar: o producimos un giro de 180 grados en la forma en que se manejan los partidos tradicionales o fundamos uno nuevo, totalmente distinto, que sea capaz de convocar a los nuevos dirigentes que queremos.

Todo indica que los actuales partidos no van a cambiar. No al menos en un plazo breve. Sufren de un problema de corrupción y de expulsión de la gente valiosa que es estructural. Y los actuales "caudillos políticos" no muestran intención de cambiar las reglas (a las pruebas me remito).

Pero Argentina no puede esperar. El desafío es construir un nuevo canal de participación política. Que haga todo lo que los otros partidos no hacen. Y que -a pesar de cumplir con las formalidades- sea lo menos "partido" y lo menos "partidario" que se pueda.

¿Por dónde empezamos?


Como los canales tradicionales no nos garantizan lo mínimo, vamos a tener que pensar un canal nuevo.

El problema inicial al que nos enfrentamos será planificar los embates a estas estructuras tradicionales corruptas. Y debemos hacerlo en el nivel donde podamos darle "sentencia de muerte". Hay que trabajar pensando en los próximos 20 años. Pero hay que empezar por algo concreto y posible.

Por eso desde PRIMERO LA GENTE, un grupo de jóvenes trabajamos para pensar cómo debe ser este nuevo canal de participación.

Hemos acotado el desafío de los próximos cuatro años a un objetivo concreto y posible: armemos un movimiento cívico que -por ahora- se concentre en el ámbito provincial, como un primer paso en el que podemos influir. Ya vendrá el tiempo de coordinar esfuerzos con grupos similares en las otras ciudades y provincias, para armar una gran fuerza nacional.

Por ahora, empecemos por determinar qué ciudad queremos y qué hacer con nuestra manoseada (y fundida) Provincia de Córdoba. Busquemos los candidatos que queremos. Fijemos las reglas que ningún partido hasta ahora ha fijado. Y no descansemos hasta que el primer nivel sea lo que debe ser.

Ese será nuestro primer aporte a la transformación Argentina. Comprometernos a cambiar el primer nivel de gobierno, el que está más cerca de la gente y de los problemas concretos. Producir una revolución en la gestión política e institucional de tal magnitud, que irradie un modelo para todo el país: acercar el gobierno a la gente.


Sebastián García Díaz

Presidente de "Primero la Gente"