Córdoba,
5 de Agosto de 2001
Sr. Gobernador;
Sr. Intendente,
Que gane el mejor.
Exigimos
reglas claras para que la gente elija al mejor en la próxima
elección de Córdoba.
1.
Establecer, desde ahora, un día definitivo para los comicios
legislativos y municipales.
No podemos estar supeditados a las especulaciones
personales del gobernador o del intendente.
2.
Implementar una rápida reforma a la ley electoral de la provincia,
para que los nuevos movimientos podamos presentar candidatos a gobernador,
a intendente, a legisladores nacionales, provinciales y a concejales
municipales sin trabas formales de la justicia electoral provincial.
3.
Derogar la exigencia de afiliaciones para formalizar nuevos partidos.
Que sólo se exijan 4000 firmas de adherentes.
¿Por qué tenemos que pedir una afiliación, mecanismo
típico de la partidocracia que queremos superar?
4.
Disponer que el Presidente de cada mesa esté obligado a tener
una reserva de boletas de cada partido,
para el
caso de que se acaben las boletas de una lista y el votante lo requiera.
Es muy difícil para nuestras organizaciones competir con la
estructura de punteros pagos a base de favores y de bolsones. Debe
ser responsabilidad del presidente de mesa que no falten boletas y
que no haya fraude en el conteo final, aunque no se encuentren presentes
todos los fiscales de mesa.
5.
Limitar los gastos de campaña y la utilización de publicidad
de gobierno como "campaña encubierta".
Como somos escépticos respecto al control que pueda realizarse
de estas normas desde el mismo gobierno provincial y municipal, exigimos
que existan espacios oficiales de debate de propuestas en los medios
de comunicación para que todas las fuerzas políticas
debatan sus ideas políticas, con reglas prefijadas.
Estamos
convencidos que debería cambiarse el perverso sistema
de las listas sábanas -antes de la próxima elección-
por un sistema de representantes elegidos por zona o circunscripción.
Pero lamentablemente
la torpeza de los constituyentes en las dos últimas reformas
de la Constitución de Córdoba, obligan a llamar a una
nueva convención para hacerlo efectivo.
El sistema de preferencias está condenado al fracaso, porque
nadie se tomará el trabajo de tachar o tildar a personas que
no conocemos en el cuarto oscuro. La reforma política de fondo
todavía está pendiente y es vergonzoso que así
sea.
Las reglas
que aquí proponemos pueden hacerse efectivas de inmediato.
Para que la política
cambie, hagamos transparentes las reglas básicas con las que
elegiremos a nuestros gobernantes en la próxima elección.
Y que la gente elija al mejor.
¿Cómo
terminar con las
listas sábanas?
El año pasado se nos mintió a los cordobeses diciéndonos
que en la reforma constitucional de Córdoba se había
terminado con las listas sábanas. Pero no fue así. Se
impuso un nuevo sistema de sábanas que se denomina "voto
de preferencia".
El voto de preferencia fue un "cambio para que nada cambie". No hace
falta ser erudito para advertir que el sistema que permite "tildar",
o tachar o darle otro orden a la larga lista de 40 legisladores no
funcionará. Y esto por tres razones:
- Los ciudadanos
no conocemos a esos candidatos de la lista, surgidos de las estructuras
partidarias, pero sin legitimidad ni reconocimiento ante la comunidad.
Si no los conocemos ¿Cómo podríamos tildarlos o preferirlos
sobre otros, en forma masiva y determinante? Tal vez los prefieran
sus familiares y amigos pero eso no torcerá el rumbo de la
elección.
- La cultura
electoral de nuestro pueblo indica que muy pocos se tomarán
semejante trabajo en el cuarto oscuro.
- El reclamo
principal de la ciudadanía es que se termine la partidocracia.
Y en este sentido nada cambia. El mensaje es: Sr. Ciudadano, le
permitimos que cambie el orden pero siempre dentro de la lista que
le propone un partido o el otro. Los ciudadanos no somos tontos
y no nos dejamos usar.
Una y otra vez,
los intelectuales del "no se puede" atemorizan a la población
trayendo a colación experiencias históricas realizadas
hace 50 años. Pero Argentina ha cambiado y mucho. Hoy el voto
por circunscripción, muy lejos de fortalecer a las oscuras
estructuras de los partidos tradicionales, supondría su sentencia
de muerte.
Si dividimos al
país, a la provincia y a la ciudad por zonas y permitimos que
cada zona elija un concejal, un legislador provincial y un diputado
nacional (o a lo más dos) y si además facilitamos que
en cada zona se presenten candidatos independientes, es muy probable
que un breve tiempo estemos eligiendo al vecino más representativo
de nuestra zona sin importar si es radical o peronista.
Esos candidatos
podrán armar una pequeña estructura zonal y no necesitarán
fondos extraordinarios para hacer campaña. Con sólo
recorrer su zona y dialogar con los vecinos estará compitiendo
de igual a igual con las grandes estructuras. Y deberá imprimir
y conseguir fiscales que le cuiden los votos, sólo en los colegios
de su circunscripción.
Sólo una
reforma que permita votar una boleta -separada de las otras- con un
solo nombre del candidato de mi zona terminará con la crisis
de representación que hoy mata como un cáncer a los
poderes legislativos. Es un sistema simple y rápido y responde
al clamor ciudadano de tener pocos representantes pero buenos.
Una vez elegido,
sabremos perfectamente quién es el legislador de mi zona, con
nombre y apellido. Seguramente votará conforme nuestras inquietudes
y no por disciplina partidaria y rendirá cuentas si es que
pretende volver a presentarse para el mismo cargo o para una instancia
superior.
Me extraña
que estos intelectuales mencionen a la reforma de la constitución
del 2001 que fue vergonzosa. No sólo por haber dejado establecido
un sistema de preferencia, condenado al fracaso, sino además
porque dejaron intactos todas las barbaridades que se habían
establecido en la reforma del 87, como la mayoría automática
en los concejos deliberantes (por dar sólo una).
Si vamos a hablar
de reforma política, terminemos con las mentiras y con las
puestas en escena. Un cambio de fondo sería que en la próxima
elección ya pudieran presentarse candidatos a gobernador, a
intendente y a legisladores reuniendo requisitos mínimos. No
hace falta reformar la constitución para permitir esta novedad
reclamada por todos. Los dirigentes tradicionales tienen miedo a perder
sus privilegios, pero los ciudadanos estamos perdiendo la paciencia.
Es
hora de unirnos.
Para terminar, me gustaría dejar sentada mi vocación
y la de todos los que integramos "Primero la Gente": no
es tiempo para que las pequeñeces, los egoísmos personales
y otras cuestiones típicas de la política tradicional,
nos mantenga divididos a los ciudadanos que queremos producir un cambio,
en la línea que aquí se ha planteado.
Hay muchos grupos
en la ciudad y personas interesadas, trabajando pero en forma aislada,
sin pensar en sumar esfuerzos.
Las alianzas entre
partidos tradicionales, inspiradas siempre por criterios oportunistas
repugnan al sentido común de los ciudadanos. Pero un esfuerzo
por trabajar en forma mancomunada, consolidar ideas comunes y proyectos,
sumar fuerzas y equipos y lograr un movimiento más amplio y
de mayor escala por parte de estos grupos y movimiento nuevos estoy
seguro que será apoyado por toda la ciudadanía.
A veces es difícil
que puedan congeniar dos organizaciones cuando sus líderes
se muestran muy personalistas, porque ellos son los primeros en temer
que se pierda su poder en la suma.
En mi caso -y
es la visión de Primero la Gente- la cuestión es sencilla.
Somos jóvenes, nuestro camino es largo y tendrá infinitas
oportunidades. Ahora lo prioritario es torcer el rumbo desviado de
la política argentina. En esa tarea, si es necesario hacer
un paso al costado para que suceda, estoy dispuesto a hacerlo con
tal de que "gane el mejor".
Otro tanto a nivel
provincial y nacional. Dios quiera que no demoremos más el
establecer canales de acción común entre todas las personas
y todos los grupos que en las diversas ciudades y provincias trabajamos
por los mismos objetivos. Sólo cuando nos unamos en una gran
fuerza nacional podremos dar la verdadera batalla de fondo contra
las corruptas estructuras de los partidos tradicionales.